
Volatilidad, escasa visibilidad sobre lo que está por venir, pocos refugios seguros para el dinero y, de momento, un claro ganador: el dólar. Este podría ser, en formato exprés, el resumen de lo que ha pasado en los mercados financieros durante la primera semana tras el ataque de EE UU e Israel a Irán. El recuento de daños, de momento, no es alarmante, pero nadie se atreve a garantizar que se quedará así. “La reacción inicial de los inversores a la guerra en Oriente Próximo ha sido, en general, moderada, pero a medida que éstos incorporan en los precios de los activos las incertidumbres a medio plazo, el aumento de la aversión al riesgo podría extenderse antes de revertirse”, reconoce en una nota a clientes Yves Bonzon, responsable de inversiones de Julius Baer.
Los precios energéticos están siendo los principales damnificados de una operación bélica bautizada por la Casa Blanca como “furia épica”. Y es que la región es, con diferencia, el proveedor de energía más importante del mundo. Según el Informe Estadístico Mundial de Energía de 2025, contiene el 48% de las reservas probadas de petróleo del planeta y produjo el 31% del crudo global en 2024. También contiene el 40% de las reservas mundiales de gas natural y suministró el 24% de todas las exportaciones de gas natural licuado en 2024.
El petróleo brent, de referencia en Europa, se ha encaredido un 25,9% esta semana, y los futuros del gas a un mes han subido un 67,65%. “Un conflicto limitado a unas pocas semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía”, advierte Rubén Nizar, investigador de Coface.
Como si de una fila india de fichas de dominó se tratase, si el conflicto se enquista y se alarga en el tiempo, avivaría un fantasma dormido: la estanflación. Este fenómeno, que combina bajo crecimiento y alta inflación, cambiaría la reacción bajista, —pero moderada— de los mercados esta semana por un shock. Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM, cree que aún es pronto para anticipar un repunte inflacionista como el que se dio tras la invasión rusa de Ucrania porque entonces contribuyeron más elementos que los precios energéticos a encarecer el coste de la vida. “Es demasiado pronto para revisar las previsiones de inflación, ya que sus componentes, salvo la energía, no se han visto afectados”, subraya Waechter.
La inflación es, sin duda, el dato a seguir por la presión que ejerce sobre los bancos centrales para que suban los tipos de interés antes de lo previsto. Este posible encarecimiento del precio del dinero ha desactivado uno de los refugios tradicionales de los inversores: la deuda pública. El tipo de interés del bono a 10 años en EE UU ha subido en la semana del 3,94% al 4,14% y el rendimiento del bono alemán ha pasado del 2,64% al 2,86%. “El aumento de la deuda pública ha reducido el estatus de refugio seguro de los bonos del Estado”, añaden los analistas de Generali.
El balance semanal para las Bolsas se pinta de rojo. Mientras el Ibex cae un 7% en cinco sesiones, el Dow Jones se deja un 1,5%. A pesar de que el impacto bélico ha cogido a los índices de renta variable en máximos históricos, la mayor parte de los expertos cree que no conviene sobrerreaccionar con el aumento de la volatilidad visto estos días. Más que vender, aseguran, conviene aumentar la diversificación y optar por sectores que funcionan mejor en tiempos marciales como las empresas energéticas y de defensa. “Como decía San Ignacio de Loyola, en tiempos de tribulación, mejor no hacer mudanza. La historia demuestra que lo más inteligente, cuando no se tiene claro el desenlace, es no salirse del mercado presa del pánico. Ejemplos claros hemos tenido unos cuantos en los últimos años (pandemia, guerra de Ucrania…)”, aconsejan desde Gescooperativo.