domingo, marzo 29, 2026

Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor | Negocios

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maravillas delgado

El pasado 4 de marzo, la Comisión Europea publicó su propuesta para la Ley de Aceleración Industrial. Una normativa que busca impulsar la demanda de ciertos productos fabricados en Europa, introduciendo requisitos de contenido local tanto en la contratación pública como en las inversiones extranjeras. Las industrias de gran consumo energético, movilidad y materias primas serán las principales beneficiarias de esta ley, todas ellas sectores tradicionales del sistema económico europeo. Sin embargo, el planteamiento de buscar en el baúl de los recuerdos porque cualquier tiempo pasado nos parece mejor, que cantaba Karina, no debería ser el elegido para liderar el futuro industrial.

Europa plantea esta estrategia con un objetivo cuestionable: minimizar el impacto de la economía china en dos frentes. Por un lado, está claro que el gigante asiático es la gran fábrica del mundo y la Comisión quiere evitar la creación de nuevas dependencias comercias que vulneren la autonomía estratégica de la Unión. Por otro, inquieta el papel de China como inversor en Europa. Bruselas teme que las empresas chinas inviertan en la producción de bienes dentro de la Unión Europea y que lo hagan mediante inversiones que generen escaso valor añadido para la economía de los Estados miembros.

La crítica a esta visión, y también al planteamiento de la nueva legislación, es que parte de un diagnóstico alarmista. En primer lugar, porque la producción industrial europea en su conjunto no se ha reducido en términos absolutos, sino que ha aumentado más de un 15% desde 2008. Tampoco los sectores que la ley busca proteger han experimentado un desplome de su actividad. En sectores como el automotriz o de productos químicos la Unión Europea exporta con éxito a terceros países. Además, aunque es cierto que la producción china ha ganado cuota de mercado, este es un fenómeno global, no exclusivamente europeo, y hasta cierto punto esperable dado el tamaño de su economía. Al analizar qué bienes críticos para la economía europea provienen de China, y no pueden sustituirse por otros mercados, la lista se limita a materias primas como las tierras raras y a determinados principios activos en el sector farmacéutico.

En segundo lugar, la Ley de Aceleración Industrial refuerza la creencia europea de que, para proteger ciertos sectores industriales, es preferible producir domésticamente a cualquier coste en lugar de comprar en el exterior a precios menores. Lo que ocurre es que, al legislar y diseñar incentivos en esta dirección, la Comisión designa y escoge sectores ganadores y apuesta, en su afán de protección, por una estructura económica que no prima la productividad, la competitividad y la innovación. De esta forma, para alcanzar el objetivo establecido por la ley de que las industrias de manufactura pasen del 14,3% al 20% del PIB europeo en 2035, será necesario reducir el peso relativo de los demás sectores económicos.

Al potenciar esta estrategia, la normativa comete el error de favorecer un espejismo de crecimiento y estabilidad en sectores cuya importancia relativa está en declive y que han dejado de ser el principal motor de innovación. Al mismo tiempo, la ley no refuerza le economía que actualmente acapara la mayor parte del crecimiento productivo: los servicios digitales. El porcentaje del PIB que Europa dedica a estos sectores tecnológicos es mucho menor que el destinado a la industria tradicional, y drásticamente inferior al esfuerzo económico que realizan los países que buscan posicionarse en la frontera tecnológica de alto valor añadido, como Estados Unidos o Japón,

Como consecuencia, la Ley de Aceleración Industrial muestra una visión económica nostálgica, anclada en el pasado y en tecnologías medias. Mientras la Unión Europea apuesta por la extracción de materias primas o las industrias del acero y el cemento, potencias como Estados Unidos y China concentran sus objetivos en la inteligencia artificial y la robótica. Volver la vista atrás es bueno a veces, decía Karina, pero sería mucho más acertado que la UE decidiera mirar hacia adelante para vivir y liderar sin temor.



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