
La evolución reciente de Fluidra refleja una tensión entre unos fundamentales que empiezan a consolidarse y una cotización en Bolsa aún condicionada por la incertidumbre del ciclo económico. Mientras la compañía defiende su capacidad para crecer en un entorno exigente y la agencia de calificación de riesgos Moody’s anticipa una mejora gradual del negocio, parte del mercado sigue cuestionando la visibilidad de esa recuperación.
Tras varios ejercicios marcados por el ajuste del sector tras el bum pospandemia, el grupo especializado en equipamiento de piscinas ha comenzado a estabilizar sus principales magnitudes. En 2025, la compañía registró un crecimiento del 7% en ingresos y una mejora del resultado operativo, apoyada en el negocio recurrente y en la ejecución de su programa de eficiencia. “Estamos ejecutando nuestra estrategia con un foco muy claro: crecer de forma rentable y sostenible mientras transformamos la compañía para adaptarnos a un entorno cada vez más competitivo”, explican fuentes de la empresa.
Con sede en la localidad barcelonesa de Sant Cugat, Fluidra se ha consolidado como uno de los principales actores mundiales en el negocio de piscinas, con ingresos anuales que rozan los 2.200 millones de euros; un beneficio en 2025 de 176 millones; presencia en más de 47 países; más de 6.500 empleados, y un peso creciente de Estados Unidos en su actividad.
Pero los resultados, afectados por los ajustes del tipo de cambio y la debilidad de nuevas construcciones en algunos países en los que opera, no han terminado de convencer a una parte del mercado. La cotización de las acciones empezó el año en máximos en torno a los 26 euros y, tras publicar resultados, cayó por debajo de los 19. Desde entonces, se mueve sometida a oscilaciones que reflejan un consenso todavía inestable sobre su futuro.
Más allá de la volatilidad bursátil, el cambio más relevante en Fluidra es de naturaleza estructural. La compañía ha ido desplazando el peso de su crecimiento hacia el negocio de mantenimiento y reposición —el denominado aftermarket—, en un contexto en el que la nueva construcción de espacios acuáticos sigue sin mostrar una recuperación clara en los mercados en los que opera Fluidra. “La mejor oportunidad para seguir ganando cuota de mercado está en el aftermarket”, reconoció en la última presentación a analistas su consejero delegado, Jaime Ramírez.
La compañía prevé un crecimiento de ingresos de entre el 3% y el 7% este año (en moneda constante), apoyado principalmente en la demanda de mantenimiento, que describe como “estable y recurrente”.
Esa apuesta se apoya en una base instalada global de más de 20 millones de piscinas, que genera una demanda estructural vinculada al mantenimiento y la reposición. Desde la compañía insisten en que este negocio, más recurrente, representa ya la mayor parte de su actividad y permite sostener el crecimiento incluso en un entorno macroeconómico más incierto.
El grupo no espera, de hecho, una recuperación inmediata del ciclo. Fuentes de la compañía reconocen que no anticipan una mejora de la nueva construcción residencial en 2026, lo que refuerza el papel del aftermarket como principal motor de crecimiento en el corto plazo. Ese giro no elimina, sin embargo, todas las presiones. El director financiero, Xavier Tintoré, advertía a los analistas tras la presentación de las cuentas anuales de “cierta presión” que está afectando a los márgenes, en referencia a la creciente competencia y a una mayor sensibilidad a los precios.
De hecho, cuando la empresa habla de “transformación”, habla de un mayor control de los costes. Fluidra ha completado su programa de simplificación con 100 millones de euros en ahorros y ha puesto en marcha un nuevo plan de eficiencia para 2026-2030 con el objetivo de generar 130 millones de euros adicionales de ahorro. Fluidra defiende que la mejora de márgenes tiene una base estructural, apoyada en palancas internas más que en la evolución del mercado. Un enfoque que permite sostener la rentabilidad en un entorno de crecimiento moderado, aunque deja abierta la incógnita sobre el potencial adicional que podría aportar una eventual normalización del ciclo.
El relato de la compañía ha encontrado respaldo en el mercado de crédito. A comienzos de marzo, Moody’s mantuvo la calificación sobre el riesgo de impago, pero admitió que podría elevarla ante unas mejores condiciones de mercado en 2026. La agencia destacaba la “larga trayectoria de sólida rentabilidad a pesar de la volatilidad subyacente del mercado” y la capacidad del grupo para generar flujo de caja. Al mismo tiempo, subrayaba que la mejora del perfil crediticio dependerá de la evolución del apalancamiento y de la disciplina en la ejecución de adquisiciones.
Ese equilibrio forma parte del propio enfoque del grupo, que insiste en la disciplina en la asignación de capital y en una estrategia basada en crecimiento orgánico, adquisiciones selectivas que aporten valor y retribución al accionista. Pero las valoraciones de los analistas reflejan una mayor ambivalencia. La acción “descuenta un escenario excesivamente negativo”, apuntan desde Renta 4.
Falta de visibilidad
Otras casas mantienen un enfoque más prudente. JP Morgan bajó recientemente su previsión de precio a 27 desde 30 euros y advirtió de falta de visibilidad sobre una recuperación de la nueva construcción en 2026. Algunos análisis independientes consideran, además, que la cotización ya refleja en gran medida los fundamentales actuales, con un potencial limitado a corto plazo. Más que un desacuerdo sobre la compañía, lo que reflejan estas valoraciones es una discrepancia sobre el momento del ciclo: si Fluidra se encuentra ya en el punto de inflexión o si la recuperación aún tardará en trasladarse plenamente a sus resultados.
El grupo, nacido en 1969 bajo la marca Astral y reforzado tras la fusión con Zodiac en 2018, ha construido su liderazgo combinando escala industrial y especialización en un nicho muy concreto. En paralelo, la compañía mantiene una estrategia clara de crecimiento internacional, con Estados Unidos como principal eje. Este mercado representa más del 40% de los ingresos del grupo y ha sido el foco de una intensa actividad corporativa en los últimos años. Tras cerrar cuatro compras en 2025, no renuncia a seguir creciendo.
La empresa defiende que, más allá de reducir costes, sus planes de eficiencia son “una palanca estructural” para mejorar la competitividad, “reforzar márgenes y liberar recursos para seguir invirtiendo en crecimiento, innovación y talento”.