Participar en ligas, carreras o circuitos deportivos, eventos que se han multiplicado en el mercado, se ha hecho estratégico para muchas compañías. Y con un claro objetivo: remontar un compromiso laboral en caída libre. Según el informe The State of the Global Workplace 2025 de la consultora Gallup, en España tan solo un 9% de los trabajadores se siente comprometido con su trabajo. Las empresas han encontrado, sin embargo, un antídoto para paliar esta falta de conexión emocional: el deporte de competición. Batirse el cobre sobre el terreno de juego reconstruye el orgullo de pertenencia del trabajador que participa y se identifica con sus equipos corporativos.
Los estudios lo ratifican. Como el de la Harvard Business Review, que concluye que las empresas que fomentan la actividad física en grupo incrementan un 50% la cohesión del equipo y un 40% la moral de la plantilla. Para Eduardo Correa, profesor de la OBS Business School, esta desconexión de los trabajadores hacia sus empresas es coyuntural. “El coste de la vida se ha disparado con respecto a unos sueldos que no han subido al mismo ritmo. Esto provoca que el trabajador tenga menos interés en dedicar su esfuerzo al trabajo y que las compañías busquen la manera de involucrarlos más”, sostiene Correa.
El deporte de competición se convierte así en eje central de los programas de bienestar corporativos y en “motor de retención de talento”. Poner a su disposición planes de salud, entrenamiento y espacios de competición “fortalece los lazos entre empleado-empleador. Pero también trata de frenar el goteo de salida de un talento que está renunciado por subidas mínimas de salario o por motivos como una mayor cercanía a su casa”, apunta el docente. Sacar a flote el espíritu competitivo y defender en grupo el dorsal de su compañía se vuelve así en un potente marco de fidelización. Una apuesta que ha disparado las citas deportivas dentro y fuera de las compañías.
Entre las que congregan mayor número de deportistas corporativos se encuentra La Liga de las Empresas de MK & Sports, donde compiten más de 300 empresas o La Liga Interempresas, que organiza RC Sport, donde se miden más de 150 compañías. En esta última, el equipo de Fútbol 7 de Prosegur consiguió, en la pasada edición, revalidar el título de campeón en la 4ª categoría de la Liga. Una victoria en la que los tres goles del centrocampista Iván de Mena, del área de operaciones, fueron clave. Aunque él insiste: “Sin equipo no hay logro”. Mena reconoce que estas competiciones impactan en el ambiente laboral. “Cuando vas perdiendo en un partido, utilizas herramientas que luego aplicas en los contratiempos laborales. También aprendes a apoyarte en los compañeros”.
Bienestar laboral
Para una entidad cuyo negocio es la seguridad, resulta crucial el bienestar de la plantilla, pero también el compromiso, dado el alto grado de deslocalización. “Necesitamos que todos, y especialmente los vigilantes, se mantengan en plena forma psíquica y física para enfrentar posibles casuísticas”, apunta María Victoria Jiménez, directora global de Relaciones Laborales. Y añade; “Muchos empleados trabajan en el centro de seguridad de nuestros clientes y a través del deporte y la competición se alcanza una pertenencia que de otra manera nos cuesta mucho activar”. Además del fútbol, participan en encuentros para correr, campeonatos de pádel y un equipo de empleados ejercen de profesores de taekwondo.
También en Telefónica España apuestan por impulsar equipos deportivos internos “como forma de construir empresa”, algo que hacen en disciplinas como el fútbol masculino y femenino, running o baloncesto. “El deporte crea vínculos reales y genera comunidad entre distintas áreas y generaciones”, resume Raúl Gutiérrez, director de Relaciones Laborales. Para sus trabajadores vestir la camiseta Movistar en cada partido genera “ilusión, esfuerzo y compañerismo”. Lo mismo que al participar en circuitos que patrocina la firma como la Movistar Madrid Medio Maratón “que construye orgullo, trabajo en equipo y relaciones que trascienden el ámbito laboral”, sostiene Gutiérrez.
La empleada Lourdes Lázaro, capitana del equipo de fútbol femenino de Telefónica, habla de enriquecimiento personal. “Estos proyectos deportivos me han permitido coincidir con profesionales de diferentes culturas y perfiles e incluso con distintas capacidades funcionales. Algo que te genera mayor confianza, motivación y visibilidad dentro de la organización”. Nunca olvidará la primera vez que se proclamaron campeonas de la División de Oro en la Liga de Empresas. “Fue un orgullo sentir que la compañía reconocía nuestro esfuerzo y compromiso con sus felicitaciones”. Una experiencia, la de defender los colores de la empresa, que no ha parado de recomendar a sus compañeros Laura López, jefa de equipo de auditoría interna de BBVA, tras hacerse su equipo con el oro, por segunda vez, en la prueba de relevos de los Juegos Bancarios.
En estas olimpiadas financieras, que comienzan el 29 de mayo, BBVA compite en otras disciplinas como fútbol 5, petanca, pádel, golf o X-Fit. “Estos encuentros contribuyen a mejorar la experiencia de las personas en la organización y construyen equipos más conectados para afrontar el día a día profesional”, señala Luis de la Peña, responsable de Experiencia de Empleado. También en la firma deportiva Sprinter sus equipos de running, entrenamiento y pádel crean espacios donde generan relaciones y mejoran su comunicación entre empleados que, de otro modo, apenas coincidirían. “Un equipo físicamente activo y emocionalmente conectado con la marca es sinónimo de éxito”, señala su director general, José Pérez Milá. Y añade: “Esta cohesión interna hace que los trabajadores sean embajadores de la marca, algo que se siente en la tienda”.
“Lo más importante: no estás solo”
La Cámara de Comercio de Madrid también realiza actividades deportivas para motivar a su plantilla. Su directora de Recursos Humanos, Lola Millán, habla de “responsabilidad institucional frente a empresas de nuestro entorno”. Ella se confiesa corredora de fondo “combino montaña y asfalto” y cree que en una maratón se construye una complicidad que trasciende la oficina. “Sudar la camiseta enseña que los grandes objetivos no se consiguen de golpe, sino con planificación. Cuando las cosas se ponen cuesta arriba aprendes a tirar de disciplina deportiva para analizar la situación, respirar y seguir empujando hasta sacar el proyecto adelante. Y lo más importante: nunca estás solo”.