
Hay una afirmación que los think thanks nunca se cansan de repetir: las ideas importan. La premisa es lisonjera, y completamente falsa. Las ideas no viajan solas. No llegan al despacho de un consejero delegado o de un ministro por ninguna ley de la gravedad intelectual. No se convierten en decisiones o políticas públicas por su coherencia. Una idea, por brillante que sea, necesita un emisor. Y ese emisor es, según la mejor evidencia experimental disponible, la variable que determina si la idea tiene algún efecto o pasa a categoría de ocurrencia.