
Hace apenas unos años, una conferencia titulada “El entorno actual de amenazas híbridas y la estabilidad financiera” habría sonado a ejercicio académico. Hoy ya no. Una miembro del Consejo de Supervisión del BCE lo formuló sin rodeos al inaugurar uno de esos encuentros en Fráncfort: los riesgos que hasta hace poco situábamos en el extremo de la distribución, los “tail events”, los que la teoría reservaba para lo improbable, se han instalado en la línea base. Los incidentes ciber notificados por la banca al BCE se dispararon en 2024. Una encuesta reciente de EY y el Institute of International Finance (IIF) sitúa la ciberseguridad como la principal preocupación del 75% de los directores de riesgos de la banca global, y señala las tensiones geopolíticas como su principal motor. La pregunta económica, sin embargo, no es por qué el riesgo ha crecido. Es otra, y rara vez se formula con claridad: si todos lo saben, ¿por qué los bancos no invierten lo suficiente?