jueves, enero 8, 2026

Ambar: la cerveza del cierzo busca nuevos vientos | Negocios

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Dicen en cervezas Ambar que ser pequeños es más que una cuestión de tamaño. “Ser pequeños es una vocación”, asegura Sergio Elizalde, director ejecutivo del Grupo Ágora, matriz de la compañía. La cervecera nacida en Zaragoza hace más de 125 años se siente a gusto siendo la menos grande entre las grandes. “No nos movemos cómodamente en el mundo de los procesos industriales, de los estándares, de las deficiencias, de las arrogancias, de la superioridad…, de todas estas cosas”, sentencia el primer ejecutivo. Buscan subirse a otros vientos y que su cerveza se beba más allá de donde arrecia el cierzo, pero quieren hacerlo en sus propios términos y sin “pensar como los grandes”.

La compañía nació como La Zaragozana en la capital aragonesa en 1900 de la mano de un grupo de amigos adinerados y con influencia en la región. Hoy, de su nueva fábrica —finalizada en 2020 y con el doble de capacidad productiva que la original, ya integrada en el paisaje urbano— salen algo menos de 100 millones de litros. “Nuestra producción comparada con la de las grandes cerveceras que hay en España que trabajan muy bien es ínfima”, señala el director ejecutivo. En un mercado maduro y competitivo, con actores que multiplican hasta por 12 sus números, la cervecera se escuda en su producto, las 800 personas detrás de cada botella y una filosofía ligada a la cercanía, la humildad y la innovación para defender su espacio.

Hace medio siglo, Ambar se convirtió en la primera casa en elaborar una sin alcohol en España. Le siguió la doble cero, sin alcohol ni gluten, en 2011 y, más recientemente, la triple cero, que tampoco contiene azúcar. Además, presumen de hacer su Ambar Especial con lúpulo recién molido. Estas dos últimas etiquetas son sus joyas de la corona, las que lideran las ventas de un catálogo que incluye alrededor de una docena de referencias. “Ir siempre un poco contracorriente, el ir un poco a nuestra bola… Eso yo creo que ha sido la tónica constante y que, plasmada en distintas cosas, es lo que nos ha permitido llegar hasta aquí”, apunta Elizalde.

Las Ambar son profetas en su tierra y una parte importante de la producción se queda en casa: “Estamos muy presentes en el valle del Ebro. Desde el norte, desde Álava, Vitoria, etcétera, pasando por Navarra, Logroño, Aragón, y acabando en Cataluña y Valencia. Esa sería nuestra área de influencia predominante”, cuenta Elizalde. Las exportaciones tienen un peso residual, aunque crece el interés por sus productos en países como Inglaterra o Chile. “Cada vez estamos más presentes en el resto de España, se nos ve más, se nos conoce y reconoce más, y eso forma parte de nuestro reto”, cuenta el director ejecutivo sobre la expansión nacional. El consumo en los canales de horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) y alimentación está prácticamente igualado. “Quizás en nuestro caso es un poco más en el bar”, puntualiza Elizalde. Quieren llegar a más locales, más neveras, estar donde los busque el consumidor, pero, aseguran, no se han fijado una cuota concreta que alcanzar: “Nuestra manera de trabajar no se mueve con estos parámetros cuantificables, es más un tema cualitativo”.

Un sector estancado

El sector ha encadenado dos años de ligeras caídas y la recuperación tras la covid parece que no acaba de cristalizar. Las ventas, medidas en hectolitros, retrocedieron en 2024 un 0,2% respecto a 2023, ejercicio en el que disminuyeron un 0,7% en comparación con el anterior, según la patronal. Los flujos de venta en la hostelería y alimentación van en direcciones opuestas: dejando fuera los dos peores años de la pandemia, el primero registra su peor dato desde 2018, con 19,5 millones de hectolitros, y el segundo repite el mejor, alcanzado en 2022, con 19,1. Además, la cerveza ha perdido fuerza entre los clientes nacionales y su consumo per capita pasó de los 55,5 litros en 2023 a los 52,8 registrados en 2024 y fue el turismo quien ayudó a salvar los muebles.

“El mercado en general está mostrando una leve caída. Es verdad que esto hay que englobarlo dentro de un ciclo, pero hay cosas que deben preocuparnos”, asegura Elizalde sobre estas estadísticas. El director ejecutivo habla del cambio de hábitos de los “jóvenes y no tan jóvenes” en una sociedad cada vez más articulada alrededor de las pantallas. “Esto va a destruir nuestro modo de vida”, expone sobre uno de los principales retos que augura al sector en los años venideros. “Esto hace que no socialicemos, que no nos relacionemos”. También apunta al bolsillo como un factor a tener en cuenta. La merma de la renta disponible y el entorno inflacionista hacen “que el consumidor sea mucho más cuidadoso con su dinero y su gasto”.

A pesar de esto, los números del grupo Ágora, propietario de Ambar y que cuenta con una distribuidora y otros productos, como agua o refrescos, han ido en ascenso. “Nosotros continuamos creciendo. A nuestro ritmo, sin agresividad, sin histerias”, cuenta Elizalde, que apunta a un incremento de alrededor del 6% o 7% anual. En 2024 facturó en torno a los 242 millones de euros y, aunque no desgranan las cifras por cabecera, aseguran que la mayor parte de los ingresos, entre el 80% y el 90%, proviene de la cerveza, una línea que incluye las marcas Moritz, fundada en Barcelona en 1856, y Marlen. “Ese crecimiento natural, orgánico y tranquilo lo venimos experimentando desde hace varios años y no creemos que vaya a cambiar en el futuro”, asegura.

El grupo empresarial es propiedad de la familia Roehrich, los herederos de Louis Moritz —fundador de la cervecera catalana que lleva su apellido— que en 1929 se hicieron con la mayoría del accionariado de La Zaragozana. “Las empresas familiares piensan a largo plazo”, dice Elizalde. “El objetivo principal de la empresa familiar es estar aquí dentro de 125 años. Y por eso la toma de decisiones es mucho más trabajada. Es mucho más sólida”, añade. Para Ambar, asegura, cada año es un desafío, y enfrentan el futuro atendiendo a un consumidor que busca sabor, salud, sostenibilidad, sencillez y sorpresa. “Llevar 125 años haciendo cerveza no garantiza que puedas estar 125 años más. Ni un año más. Ni dos. El reto es un reto diario, de seguir estando. Y lo más importante para seguir estando es poder seguir haciendo las cosas a nuestra manera”, concluye.



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