sábado, marzo 28, 2026

Apple: La manzana que tentó a millones de consumidores llega a su madurez | Negocios

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“Desde Eva ninguna manzana había representado una tentación tan grande”. La célebre frase atribuida a un periodista de The Wall Street Journal con motivo de la salida a Bolsa de Apple Computers en 1980 sigue vigente hoy en día, cuando la compañía fundada por Steve Jobs y Steve Wozniak el 1 de abril de 1976 en el garaje de sus padres en California está a punto de cumplir 50 años en perfecto estado de salud financiero, pero con múltiples retos por delante que auguran un futuro complejo.

El pasado de Apple está repleto de éxitos para los accionistas. Su historia repetida hasta la saciedad tiende a encumbrar la figura de Steve Jobs como un visionario con propuestas disruptivas e ideas innovadoras. Un genio que desafió al statu quo tecnológico de los años noventa. Tras su muerte a consecuencia de un cáncer de páncreas en 2011, la compañía con sede en Cupertino ha alimentado el mito porque sobre él ha construido su imagen de marca.

Jobs en realidad fue un hombre avanzado a su época. Jobs fue un niño adoptado que siempre se sintió especial. De pequeño ya se interesó por la informática. Insolente y de carácter volcánico, siendo un adolescente llamó por teléfono a Bill Hewlett, que por aquel entonces era su ídolo, para ofrecerse a trabajar en Hewlett-Packard (HP). Pero Jobs no estaba hecho para tener jefes. Así que al terminar la universidad se marchó a la India, donde se convirtió al budismo y tuvo experiencias psicodélicas al experimentar con algunas drogas.

A su regreso, montó con Wozniak Apple Computer. Existen muchos mitos sobre la manzana que da nombre a la compañía, como aquel que dice que se trata de un homenaje de los dos emprendedores a Alan Turing, el matemático y científico británico, considerado el padre de los ordenadores, que descifró los códigos secretos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Turing se suicidó mordiendo una manzana envenenada. La historia real es más prosaica. Al parecer, Jobs eligió el nombre de Apple porque le gustaba comer manzanas, la palabra sonaba simple y amable y, además, le permitía estar delante de Atari en los listines telefónicos.

En aquellos años nadie concebía los ordenadores como productos de consumo que estarían en todos los hogares. Así que Jobs ideó el Macintosh, el primer ordenador personal, pero el negocio fue un fracaso que estuvo a punto de llevarse por delante a la compañía. La junta directiva de Apple despidió a Jobs en 1985. “Es lo mejor que me pudo pasar”, repetía Jobs, que no guardaba ningún rencor por aquel episodio.

Una década después, en 1996, regresó como el gurú salvador para la compañía que no había logrado remontar el vuelo. Durante los años que estuvo fuera de Apple, creó Pixar, la productora de animación, creadora de Toy Story, Bichos o Cars, que posteriormente vendió a Disney. Así que su regreso triunfal comenzó por la simplificación de la estructura y la variedad de productos de la compañía. Elegancia, ligereza y simplicidad. Tres de los atributos que aún hoy en día acompañan a la marca de Cupertino.

Jobs no solo era un pionero tecnológico. Por aquella época, estaba obsesionado con la estructura y los costes. Ideó una estrategia para aprovecharse de los vericuetos legales que ofrecía el régimen fiscal irlandés para pagar menos impuestos. La arquitectura tributaria que ideó convirtió a Irlanda en epicentro de la elusión fiscal de las multinacionales y a Apple en uno de los mayores escaqueadores de impuestos de la historia. De hecho, tras un largo proceso, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea obligó hace un par de años a Apple a pagar más de 13.000 millones a Irlanda por impuestos impagados.

A su vuelta, Jobs no tardó en lanzar el iMac, una serie de ordenadores de sobremesa; también lanzó los iBooks, los primeros portátiles de colores, que empezaron a agrandar su leyenda. Y en 2001 presentó el iPod con el que revolucionó la música con un pequeño dispositivo capaz de guardar “mil canciones en tu bolsillo”, como rezaba la publicidad de aquel momento. Seis años más tarde, en 2007, lanzó el iPhone, el primer smartphone que nació para revolucionar las comunicaciones, internet y la tecnología en general. Desde entonces, Apple ha vendido más de 3.000 millones de teléfonos inteligentes.

Jobs convirtió cada una de las presentaciones de productos en citas casi místicas para los aficionados a la tecnología. Sus puestas en escena eran magnéticas por su carisma y su sentido del espectáculo. Su fallecimiento en 2011 con tan solo 56 años lo convirtió en un mito. Tim Cook, el jefe de operaciones de la compañía, tomó el testigo. Más sobrio que su antecesor, pero igual o más efectivo. Los resultados de Apple bajo el mando de Cook han sido espectaculares, uno de los mejores consejeros delegados para los accionistas. Bajo su dirección, alguien que hubiera invertido unos 10.000 dólares en acciones de Apple cuando él tomó el mando ahora valdría más de 18 millones, sin contar con los jugosos dividendos que elevarían las ganancias mucho más.

Aunque Apple ha seguido innovando, la etapa de Cook se valora sobre todo por la mejora de la cadena de suministros, que le ha permitido ensanchar los márgenes y la mejora de la eficiencia de los productos. Con Cook, Apple presentó los iPad, los iWatch o los AirPods, que pronto se convirtieron en un éxito comercial, pero el logro determinante ha sido convertir el iPhone en el centro de un ecosistema tecnológico para los usuarios. Aunque también ha tenido algunos fiascos, como el coche de conducción autónoma, cuyo proyecto tuvo que desechar hace un año tras dilpadidar miles de millones. Y las gafas de realidad virtual, que no terminan de despegar.

Otra de sus apuestas fue romper durante la pandemia el contrato con Intel, el proveedor habitual de microprocesadores, para empezar a diseñar sus propios semiconductores. Pero la fuerte demanda de chips hace que esté planteando volver a colaborar con su antiguo proveedor para productos que no sean de gama alta.

La estrategia de Cook se refleja en los resultados cosechados el año pasado cuando logró facturar 416.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 6% sobre el año anterior, gracias a una demanda sin precedentes del iPhone 17. Las ganancias netas ascendieron a 112.010 millones, un 19% más interanual. El grupo guarda más de 130.000 millones en caja para futuras compras. Pocas compañías en el mundo presentan unas cifras semejantes.

La discreta pero eficiente gestión de Cook ha llevado a la compañía a alcanzar un valor de más de cuatro billones de dólares en Bolsa, solo por detrás de Nvidia, que vive un rally bursátil por la fiebre de la inteligencia artificial.

Precisamente ese es uno de los principales retos del futuro o mejor dicho, del presente, de Apple. Los analistas observan con preocupación el atraso del grupo tecnológico en el desarrollo de un modelo de IA. La compañía había apostado por transformar su asistente Siri en la base para el sistema inteligente, pero el experimento no termina de cuajar. Algunos inversores temen que la irrupción de la IA eclipse los productos de Apple porque no pueda adaptarse a la velocidad de las innovaciones promovidas por esa tecnología.

Al fin y al cabo, Warren Buffet, el oráculo de Omaha, fundador de Berkshire Hathaway, siempre ha considerado a Apple una empresa de productos de consumo más que una tecnológica. Las dudas parecen haber llegado también a la compañía con sede en Nebraska, que por primera vez en 20 años está reduciendo sus inversiones en Apple y aumentó en Alphabet, la matriz de Google y Youtube.

En esta alocada carrera tecnológica, la compañía de la manzana trabaja en una nueva versión de Siri más inteligente. Ya ha retrasado el lanzamiento de esta nueva funcionalidad y se espera que cuando la presenten a lo largo de este año revele un avance significativo para convencer a los inversores. Pero el ritmo de inversión de Apple es muy inferior al de sus competidores como OpenAi, Anthropic o Gemini (Google).

De todas formas, Cook no parece muy preocupado con ese retraso. Tiene 130.000 dólares en el bolsillo para recuperar el terreno perdido y mucha tranquilidad espiritual. “No quiero que la gente los use demasiado la tecnología”, dijo recientemente en la ABX. “No quiero que la gente mire más el teléfono inteligente que a los ojos de alguien, porque si solo se dedican a desplazarse sin parar, no es así como uno quiere pasar el día. Salgan y disfruten de la naturaleza”.

Amistades peligrosas

Más allá del retraso en la IA, a Cook se le reprocha sus devaneos con Donald Trump. El principal ejecutivo de Apple fue uno de los elegidos para acompañarlo durante la toma de posesión, junto con el resto de tecnoligarcas. Cuando visitó el despacho Oval tras el regreso del republicano, le llevó un obsequio de un cristal especial con una base de oro de 24 quilates. Además, fue uno de los invitados a la Casa Blanca para el estreno privado del documental sobre la primera dama, Melania Trump. Y su complacencia ante Trump le ha granjeado muchas críticas. “Lo que hago es interactuar en temas de políticas públicas, no de política en sí. No soy una persona política de ningún bando. No me interesa la política”, dijo Cook hace una semana en una entrevista en la cadena ABC. “Así que me mantengo en una posición neutral. Me centro en las políticas públicas, por lo que me complace mucho que el presidente y la administración sean accesibles para hablar de ellas”, señaló.

Uno de los chismes que empiezan a circular entre analistas, inversores y trabajadores de la sede de Cupertino (California) tiene que ver con la jubilación de Cook y su sucesión. Aunque los resultados financieros de Apple han sido muy buenos durante su mandato, la sensación es que se avecina un cambio de ciclo para el sector con la irrupción de la IA y Apple está rezagada. Además, a finales del año pasado media docena de altos ejecutivos de la compañía se marcharon o decidieron anticipar su jubilación. Todas las miradas se posaron en Cook, que ya tiene 65 años. “Me encanta profundamente lo que hago”, dijo en ABC para tratar de despejar las dudas sobre su continuidad. “Hace 28 años entré en Apple y desde entonces he disfrutado cada día”, remachó. “Hemos tenido altibajos, pero la gente con la que trabajo es increíble. Sacan lo mejor de mí. Y espero poder sacar lo mejor de ellos. No me imagino la vida sin Apple”.

Sin embargo, el nombre de John Ternus, vicepresidente de ingeniería de hardware, que tiene bajo su responsabilidad el desarrollo de los dispositivos que generan aproximadamente el 80% de la facturación de Apple, entre ellos el iPhone. Para la compañía es tan importante el producto que fabrica, como los programas informáticos que hacen que funciones. Ternus, de 50 años, se encarga de coordinar ambos procesos. Todos en la compañía le ven como el sucesor. Bloomberg publicó la semana pasada un artículo en el que lo perfila como el delfín, pero Cook parece que aún no quiere marcharse.

Más allá de la brillantez de los artilugios de Apple, convertidos en productos aspiracionales para las familias de medio mundo, Apple tiene que gestionar varios desafíos legales por temas de competencia en Europa. La compañía que presume de prácticas de sostenibilidad, diversidad y buen gobierno corporativo sale en la foto de todas las investigaciones de las autoridades de competencia de la UE. Bruselas la multó el año pasado por las restricciones que impone en su Apple Store y en los sistemas de pago.

Más costoso es el reto que tiene tras una sentencia judicial en Estados Unidos que declaró que Google mantenía un sistema monopolista en los iPhone al ser el buscador predeterminado. Los pagos de Google a Apple por tener esta exclusividad ascienden a unos 20.000 millones de dólares, que pueden reducirse a la mitad si la justicia estadounidense insiste en que rompa el contrato con Apple.

“Hemos pasado cinco décadas redefiniendo lo que es posible y poniendo potentes herramientas en las manos de la gente“, escribió Cook en una carta enviada a los empleados con motivo del 50 aniversario. “Nos habéis enseñado que las personas que están lo suficientemente locas como para creer que pueden cambiar el mundo son las que en realidad lo cambian. Esto va por quienes abrazan la locura. Por quienes no encajan. Por quienes se rebelan. Por quienes desafían las normas. Por las piezas redondas en huecos cuadrados”.



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