domingo, enero 11, 2026

Cuando despertó, el cambio climático todavía estaba allí | Negocios

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Como en el cuento que escribió Augusto Monterroso, podemos despertarnos en 2026 y encontrar el mismo dinosaurio climático que en 2025 o 2024. La emisión de gases de efecto invernadero sigue subiendo (más lentamente), la temperatura aumentando (más rápidamente), y el conteo de tormentas, inundaciones o sequías crece, lo que hace pensar que, aun con potenciales sesgos en la base de datos, son cada vez más frecuentes. Casi lo mismo ocurre con las políticas de mitigación de las emisiones: un análisis elaborado por los expertos de la OCDE muestra que son cada vez más numerosas y rigurosas, aunque su ritmo de aumento se está frenando. Y las políticas son relevantes, no se descarboniza sólo con más desarrollo económico. La imparable penetración solar y eólica no habría sido posible sin la combinación de innovación, competencia e incentivos. En este sentido, un trabajo reciente de BBVA Research, titulado ¿Son eficaces las políticas climáticas?, muestra que hay una asociación estadísticamente significativa entre mayor rigor de las políticas relacionadas con la mitigación climática y caída de emisiones por unidad de PIB. También resulta que la asociación se intensificó tras la entrada en vigor del Acuerdo de París.

En 2026, ¿a qué hay que estar atentos en sostenibilidad medioambiental? Primero, a lo que ya sabemos que seguirá siendo relevante: las COP climáticas, los avances desde la COP30 de Brasil a la COP31 de Turquía y Australia, con una gobernanza basada en el consenso que sigue sin ser suficiente para lograr el Acuerdo de París, pero cuya mera existencia es una muy buena noticia para un multilateralismo en horas bajas. Así, habrá que ver la intensificación del sesgo contra las energías renovables (o el impulso a las fósiles) de Estados Unidos, sobre todo en lo que tenga que ver con medidas de alcance global en proceso de implementación como las que afectan a emisiones de transporte aéreo internacional, marítimo, o la tarifa europea al carbono. En Europa, también habrá que analizar el alcance de su impulso simplificador de regulaciones medioambientales, buscando competitividad, resiliencia y descarbonización, y que toma brío en el sector del automóvil.

Segundo, atentos a lo que sabemos que tiene que ganar velocidad: si el cambio climático está para quedarse, la adaptación climática es una necesidad. Sin embargo, aunque la financiación para la adaptación climática se duplicó entre 2018 y 2022, continúa siendo una fracción de lo que realmente se requiere. Con todo, no faltan ideas para favorecer su desarrollo, algunas también desde BBVA Research (La oportunidad de la financiación para la adaptación climática).

Y tercero, atentos a lo que sabemos que no sabemos, no sólo en riesgos, también en oportunidades que vengan con innovación y disrupción en tecnologías limpias para que el dinosaurio climático termine no estando al despertarnos.



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