
Una semana después del ataque contra Irán de Israel y Estados Unidos en el que murió el líder supremo iraní, la incertidumbre global superaba su media histórica por primera vez en un año. Así lo recoge el Índice de incertidumbre del IESE (I3E), que el 9 de marzo subía hasta los 112 puntos, rebasando el umbral de los 100 puntos. La última vez que el índice superó esa cota fue en abril de 2025, justo después de que Donald Trump anunciara sus aranceles al comercio internacional en el llamado “Día de la Liberación”.
Los niveles de incertidumbre por encima de los 100 puntos —la media histórica del índice— se asocian con una mayor inestabilidad económica mundial y suelen tener efectos macroeconómicos tangibles. De hecho, tras el “Día de la Liberación”, el Ibex 35 cayó más de un 10%. Con todo, el nivel global del índice sigue lejos de los 151 puntos alcanzados en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, o de los casi 190 puntos registrados en 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers.
¿Por qué entonces la incertidumbre económica todavía no ha alcanzado esas cotas tras el conflicto en Irán?
Contrariamente a lo que suele pensarse, la incertidumbre no consiste en que pueda ocurrir algo malo, sino en el grado de variabilidad de acontecimientos futuros. Si mi casa arde y queda derruida, no existe incertidumbre sino la certeza absoluta de haber perdido mi casa. Por el contrario, si tengo la posibilidad de ganar un coche o un viaje al Caribe conuna probabilidad del 50% en un concurso, la incertidumbre es máxima —los dos premios tienen idéntica probabilidad— pero ambos resultados son excelentes.
En el plano económico, a mayor variabilidad en resultados futuros esperados, mayor es la incertidumbre económica. Dos indicadores de incertidumbre basados en esta variabilidad son el VIX y el Índice de incertidumbre del IESE. El índice VIX, publicado en tiempo real por el Chicago Board Options Exchange, mide la variabilidad futura relacionada con varios índices bursátiles, principalmente el S&P500. El índice del IESE es más amplio, ya que condensa toda la variabilidad recogida en los índices bursátiles, los mercados de bonos, las divisas, y la energía (el petróleo).
El VIX está en torno a los 30 puntos, muy por debajo de los niveles de estrés extremo que en episodios como 2008 o 2020 superaron los 80 puntos. Por poner en contexto los 112 puntos del Índice de incertidumbre del IESE, su escala teórica se sitúa entre 0 y 200; en los últimos 35 años, el I3E se ha movido entre los 50 puntos (2014) y los 200 puntos (crisis financiera de 2008 y covid en 2020).
Sin embargo, la palabra incertidumbre domina los medios. El EPU (Economic Policy Uncertainty) pertenece a otra familia de índices que mide el número de apariciones del término ‘incertidumbre’ en los principales medios escritos estadounidenses. Pues bien, el EPU se ha disparado desde la victoria de Donald Trump en noviembre de 2024 y tras el anuncio de nuevos aranceles el Liberation Day, el 1 de abril de 2025.
Desde entonces, el Índice de incertidumbre del IESE ha bajado a mínimos, mientras el EPU sigue elevado. Los mercados han ido subiendo con fuerza a medida que retrocedía el índice del IESE. El Ibex-35 se ha revalorizado un 50% desde abril de 2025. La incertidumbre mediática no siempre implica incertidumbre económica.
Aunque a menudo los agentes económicos muestran inquietud ante determinados acontecimientos políticos, sus decisiones no se basan exclusivamente en titulares o declaraciones. Se apoyan en un conjunto mucho más amplio de variables económicas, y desde abril de 2025, estas han generado relativamente pocas sorpresas.
En contextos de elevada atención mediática puede producirse un “efecto túnel”, por el cual se tiende a identificar la evolución de la economía mundial con una figura política (¿Trump?) o con el contenido dominante en los medios (¿Irán?).
Sin embargo, factores menos visibles —como la producción de cobalto en la República Democrática del Congo, que concentra alrededor del 75% de la oferta mundial, variaciones en la extracción de litio en Chile o la evolución de las exportaciones Chinas— pueden resultar más determinantes para la economía global. Todos estos parámetros arrojan datos positivos en los últimos meses.
En la toma de decisiones bajo incertidumbre, resulta imperativo no dejarse llevar por el efecto túnel. En lugar de centrar toda nuestra atención un único factor —Trump, Ucrania, o cualquier otro—, hay que usar un conjunto amplio de indicadores que nos ayuden a cuantificar algo sumamente complejo como la economía global.
Nuestras investigaciones sobre la relación entre la incertidumbre económica medida con el Índice de incertidumbre del IESE y la tasa de crecimiento del PIB en las grandes economías globales (OECD) muestran una correlación negativa persistente desde que comenzamos a medir la incertidumbre mundial en 1990. La incertidumbre económica se comporta de forma contracíclica: tiende a aumentar con rapidez durante las recesiones y a disminuir en las fases de expansión.
Aunque no se otorga una interpretación causal a la estimación de los modelos econométricos, nuestros resultados para el periodo 1990-2026 indican que un incremento de 25 puntos en el Índice de incertidumbre del IESE se asocia con una reducción de casi medio punto porcentual en la tasa de crecimiento del PIB mundial.
Naturalmente existen múltiples factores endógenos en esta relación, como la inflación, política monetaria, elecciones, ciclos económicos, conflictos, o desastres naturales, entre otros. Pero, aún con estas cautelas, la mera existencia de esta correlación negativa persistente entre incertidumbre y crecimiento económico deberían invitarnos a reflexionar sobre la importancia de proporcionar ‘certeza’ a los agentes económicos.
Reducir la incertidumbre no es solo una aspiración política o institucional; es una estrategia con claro valor económico. Proporcionar instituciones fuertes, marcos regulatorios estables y señales coherentes de política económica genera certeza para empresas y familias, favorece la inversión y el consumo, y fortalece la estabilidad global. En un entorno internacional cada vez más volátil, la certidumbre no es un lujo: es un activo económico.