
Antes de subirse al helicóptero presidencial Air Force One, Donald Trump cargaba el miércoles contra España por tercera vez desde que el Gobierno de Pedro Sánchez vetara el uso de las bases de Rota y Morón para la guerra contra Irán. “No está cooperando”. El país es un socio “terrible” para el mandatario estadounidense, que insiste en amenazas tan sutiles como: “Quizá haya que cortar el comercio”.
Los hechos demuestran que Trump es un político con creencias enormemente flexibles, algo que le ha valido el apodo de TACO, acrónimo de Trump Always Chickens Out (Trump siempre se acobarda) por sus cambios de parecer. Sin embargo, por voluble que sea, nadie en la industria de defensa española desea levantar la voz para incomodar al país que tiene el mayor poder militar del planeta y es aliado en la OTAN. Porque, aquí sí, un enfriamiento de las relaciones sería un obstáculo difícilmente digerible para las Fuerzas Armadas.
La industria nacional y por extensión, la europea, depende enormemente del equipamiento militar norteamericano. Hay montones de ejemplos. Las fragatas F-100 y las F-110 que construye Navantia para la Armada tienen en su núcleo operativo un sistema de combate llamado Aegis desarrollado por la estadounidense Lockheed Martin. EEUU acaba de autorizar provisionalmente una inversión española de 1.400 millones para actualizar las fragatas F-100. Defensa ha empezado a recibir los helicópteros MH-60R Romeo con tecnología de EEUU, y utiliza sistemas de defensa antiaérea como el Patriot o el Harpoon (antibuque) que requieren protocolos de activación y mantenimiento de ese país. Drones, satélites, enlaces de datos, software, motores y un sinfín de suministros tienen factura norteamericana. “La dependencia es tan elevada que una ruptura… me parece inviable”, razona Jorge Sainz, socio responsable de Defensa en KPMG. “Implicaría una degradación de capacidades militares, una paralización de programas industriales estratégicos, incluso riesgos contractuales para exportaciones. Con mayores o menores altibajos Europa y EEUU son socios. Sería un desastre de un calibre incalculable, no me lo plantearía como un escenario base”.
Concentración en los tres grandes
Los datos más recientes del sector se encuentran en el estudio Spain Defence & Security Industry, elaborado por la publicación Infodefensa. Contabiliza que las 407 empresas del ramo facturaron en 2024 9.997 millones, emplean a 88.454 personas, exportan el 69% de lo que producen e invierten el 9% de su facturación en innovación. Un puñado de tractoras encabezadas por Airbus, Navantia e Indra son responsables de más de la mitad de las ventas (52,8%).
El director de la asociación Española de Empresas de Defensa Tedae, César Ramos, opina que “con sus luces y sombras, las relaciones bilaterales entre España y Estados Unidos han sido muy sólidas desde 1953, pero especialmente desde que el convenio de 1989 recondujo una relación que se percibía desequilibrada”. Recuerda que la cooperación, reforzada en el marco de la OTAN, alcanza al ámbito industrial “donde hay alianzas estratégicas de éxito entre empresas de ambos países”.
Un ejemplo podría ser el de Santa Bárbara Sistemas, fabricante español propiedad de la multinacional estadounidense General Dynamics y proveedor clave de blindados, vehículos de combate y tanques. “Las relaciones entre ambos países no tienen influencia en nuestros planes estratégicos ni en la aplicación de nuestro plan industrial”, contestan por correo electrónico fuentes de la compañía. “Santa Bárbara Sistemas (SBS) es una empresa española integrada en el holding europeo General Dynamics European Land Systems (GDELS) que tiene su sede europea en Madrid. Todos los productos que se desarrollan cuentan con propiedad intelectual europea y son lo que se llama ITAR Free (es decir, no incluyen tecnologías o componentes sujetos a la regulación de sistemas de armas de los EEUU)” añaden.
Se dice burlonamente que para cuando Europa encuentra la solución a una crisis, puede que esta ya haya pasado. Desde la guerra de Ucrania en 2022, la UE fue consciente de que debía activar su autonomía estratégica, pero a la vez intensificó sus compras de armamento a Washington. Esta semana, cuatro años después del inicio de hostilidades rusas y en plena ofensiva en Oriente Próximo, el Parlamento Europeo acordó crear “un verdadero mercado único de la UE para la defensa y cerrar brechas críticas en la capacidad de defensa de la UE”. Fácil de decir, difícil de demostrar. Cualquier industrial sabe que se necesitan dos cosas para que un país sea autónomo en un sector o en una tecnología: dinero y tiempo, algo de lo que el sector nacional ha andado escaso.
¿Esta vez será distinto? Silvia Gamo, directora de la Fundación Círculo de Tecnologías para la Defensa y la Seguridad, cree que eso ha terminado. “Estamos en un ecosistema totalmente diferente al del pasado, ahora la industria tiene recursos. Hay nuevas reglas del juego, la UE entiende que la industria debe ser fuerte y debe tener un efecto disuasorio clarísimo”. Pero reconoce que el cambio “no va a ser de un día para otro”. Las empresas van a tener que cooperar y estar muy enfocadas a sistemas de calidad, “y lo van a tener que hace rápido”. Efectivamente, el gasto se ha acelerado (no sin grandes dosis de oscurantismo institucional): en 2025 el Gobierno destinó 33.123 millones para cumplir con el porcentaje del 2% exigido por la OTAN. El país está inmerso en 79 programas de modernización y capacidades militares y dentro de ellos hay 31 Planes Especiales de Modernización (PEM) que la industria sigue con mucho interés. Navantia, por ejemplo, baraja duplicar ingresos (espera que sean 3.300 millones) y cartera de pedidos (16.000 millones) entre 2024 y 2027; fuentes de Airbus creen que 2026 será un año de aumento de producción en su negocio de aviones militares en España (45 nuevos eurofighter, 3 A330 de los que ya han entregado dos, 34 del modelo C295 para transporte, vigilancia y patrulla marítima, entre otros). “La situación actual nos ofrece una oportunidad única para invertir en nuevos retos tecnológicos”, dicen fuentes de la compañía.
Seguramente el último conflicto en Oriente Próximo, profundiza Ramos, acelere la urgencia en atender demanda operativa “especialmente en aquellas áreas donde se están observando carencias críticas: misiles, armamento de precisión, sistemas C4ISR (para recopilar datos, procesar inteligencia y coordinar operaciones en tiempo real), capacidades espaciales, capacidad de operar en entornos degradados, sistemas de guerra electrónica, sistemas robóticos y seguramente muchos otros”. Una larga lista de deberes para una (todavía) pequeña red empresarial.