domingo, agosto 31, 2025

Alito Moreno: Más de lo mismo | Opinión

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Jorge F. Hernández

Uno, unos o algunos abrevaban de una joya pedagógica hace tanto tiempo que parece ayer mismo. El Dr. Álvaro Matute bordaba una cátedra donde creo recordar asomaban guirnaldas sobre Benedetto Croce y tanto saber que pocos tomaban apuntes, hipnotizados por la palabra del Magister… entonces entraron por la puerta una runfla enardecida de adrenalina en lucha. Venían boteando (esa maraca de recaudación casi fiscal que llenaba de monedas y billetes las latas viejas de café o el Chocomilk otrora infantil). El coro del justificado enojo estudiantil era formado por líderes ahora no tan extintos (Ímaz, Santos, Ordorica, Claudia, Delia, Mari, Juve, etc.) porque levantaron un movimiento a lo largo y ancho de Ciudad Universitaria en contra del llamado “Plan Carpizo” (1986-1987), propuesta del Rector que llevaba ese apellido con el afán de implementar cuotas de matrícula e inscripción en la sempiterna gratuita, barata o abaratada Universidad Nacional Autónoma de México.

A uno se le ocurre pararse del pupitre, exhortar que la colecta se realice después (una vez que concluya la pequeña serenata diurna de Matute) y el aula entera hace “Tsssss” y el profesor agradece luego el intento, pero sugiere precaución al incauto… que sale más tarde por la Facultad al atardecer y se encuentra rodeado por un improvisado politburó y aunque simpatizaba con el esfuerzo anti-neoliberal de lo que parecía privatización de la UNAM, me costó una costilla, medio pómulo y un ojo morado (mi color favorito). La joda no era en oposición al oleaje libertario, sino a la impertinencia que interrumpía una cátedra magistral que por un instante de vida nos quitaba lo pendejos.

Cuentan que Borges fue interrumpido en la UBA en medio de un poema infinito con motivo de la noticia trágica del asesinato del Ché en Bolivia y que negándose a ceder sus versos ante quienes exigían luto inmediato, escuchó no sin ironía y sonrisa de lado que los militantes amenazaron con apagarle las luces del aula sin saber siquiera que el bardo era ciego y se hilan no pocas décadas en que automovilistas por millares, transeúntes de sucesivas generaciones, pedestres y ciclistas, niñas con mochila a la espalda, niños con juegos de escuadras como triángulos como armamento espacial, abuelitas con canasta y vejetes con paraguas han tenido que tolerar marchas marchitas, bloqueos intelectuales, necios embotellamientos, paros masivos de toda vía, Viaducto o carretera por eso que llaman “la lucha”.

En esos desmanes y desmadres llevaban batuta los porros como dirigentes y se soñaba con una utopía revolucionaria mucho más psicodélica y modernizada que las oxidadas remembranzas de la verdadera Revolufia de principios del siglo XX y se creía ciegamente en la honorabilidad de la desfachatez y el huipil al vuelo (aunque lo portaran güeritas) y se cantaba “Playa Girón” (aunque la guitarra era regalo de papi) y se fumaba mota sin imaginar jamás que el mercado y trasiego de la Acapulco Golden llegase a ser seriamente mermado por la legalización de esa mostaza en siete estados de los Naires Steis (que dicen es mejor en modernas goteras los canosos que la siguen fumando) y se suponían tantas firmezas que ahora resultan tan contradictorias y confusas. No sin digerir que el llamado “Plan Carpizo” terminó por imponerse gradual y veladamente y que las vueltas del acetato nos confirman que los antiguos militantes rizados son ahora funcionarios, ministros, no pocos presidiarios y otros, presidentes.

Ahora, una marcha en favor de un mejor sistema de salud o urgencia por niños con cáncer es descalificada como burguesa y conservadora por si se unen al reclamo marchantes ajenos a la vieja tropa revolucionaria. Ahora son los paladines de la austeridad franciscana, socialistas falsos, milicianos acomodaticios quienes antes flameaban o se insuflaban en contra de los viajes en primera clase, las vacaciones en el extranjero, las propiedades en dólares, la ropa de marca, los relojes inalcanzables, las joyas y joyitas de puras estrellas los que las fardan sin empacho y no las ocultan ni en su Feis.

Se nos olvida que hay un expresidente remando en hamaca la triste conciencia de que por lo menos un nieto le nació en Texas, un hijo le salió obeso, otro anda desayunando de a gratis en Japón. Todo y tanto que sale tan caro que empaña o destroza el republicanísimo espejo juarista, el primerolospobres, aquello de yo-no-fui o no somos iguales porque Ellos serán siempre peores.

Se han agarrado a manotazos de vodevil dos dizque senadores y tiene mucha razón la Presidenta cuando evoca la palabra porro, pues por lo menos uno de los contrincantes siempre lo ha sido, mientras otro de los rijosos no niega ser barrio puro por los bíceps que le abultan las mangas del chaleco, mientras el otro simula dignidad con una prenda de alpaca a la boliviana. Unos ya no aguantan seguir echándose un tirito a golpes y uno en particular sigue babeando compañero-presidente como título para Nicolás Maduro, por allá ese que obligó desde su poder a que un ciudadano le rindiese culpa pública, el mismo que intenta justificar que no cuadran las cuentas del despilfarro y por acullá quienes olvidan sus desmanes, mantas, marchas y megáfonos en cuanto dejaron de ser opositores y se volvieron domadores del circo. Todos son no más que de la misma ralea de la prófuga esposa de un gobernador siniestro que creía merecer abundancia para justificar latrocinio, lo mismo que los pillos de antaño ahora vil caricatura ante el apestoso oleaje de corrupción magnificada, entintada con el amargo sabor de la supuesta solidaridad a la que han engañado vilmente.

Todo este humo pestilente no para distraer a la conciencia nacional en medio de un concierto sinfónico, un poema inmortal o la gloria de una novela invaluable. Toda la boruca y sus broncas no para interrumpir una cátedra inolvidable, sino para distraer u obviar el imperio del narcotráfico, el inmenso poderío del crimen organizado, el desahucio del despilfarro, el galimatías insalvable de las obras monumentales que parecen tambalearse con cada tornillo suelto, la ya solidificada polarización maniquea, los desesperados delirios por imaginar que sólo nos puede salvar Batman o GIJoe y al mismo nivel, la demencia trasnochada de que estamos obligados a seguir enviando petróleo a Cuba.

Cierra los ojos, el aula sigue aquí. Una voz intenta con sosiego transmitir conocimiento y el saber es como un par de alas. Aquellos abren de pronto la puerta, entran a gritos y quieren botear… más de lo mismo.



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