A pesar del protagonismo de la sostenibilidad en la agenda pública y empresarial, el sector forestal sigue siendo una asignatura pendiente en términos de desarrollo económico y aprovechamiento estratégico. Sin embargo, pocos sectores reúnen tantas condiciones para convertirse en un vector clave de inversión sostenible y crecimiento económico. Especialmente en España, donde el 57% del territorio es superficie forestal y 18,7 millones de hectáreas es superficie arbolada, la tercera mayor de Europa.
Los bosques son un activo ecológico de primer nivel y una fuente de valor económico, social, climático y ambiental. Su papel en la captura de carbono, la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad o el suministro de materiales renovables son algunos elementos que lo hacen un sector clave para el desarrollo sostenible y una economía descarbonizada. Pero, este gran potencial solo se traducirá en impacto real con modelos económicos y financieros innovadores que movilicen nuevas inversiones, tanto públicas como privadas.
En este contexto se encuentran los créditos de carbono generados por repoblación forestal que han dado respuesta a empresas que, ya sea por sus compromisos Net Zero o por la regulación europea, buscan mecanismos para compensar su huella ambiental. Estos proyectos ofrecen una solución tangible y efectiva para alcanzar dichos objetivos. Pero su viabilidad se ve mermada por ingresos puntuales no recurrentes asociados a un modelo económico basado exclusivamente en la venta de créditos de carbono, lo que es incompatible con instrumentos de financiación tradicional.
Por otro lado, más allá de la compensación y debido a las bondades de los bosques, las empresas empiezan a plantearse los proyectos forestales como un activo estratégico dentro de su balance y empiezan a buscar sinergias entre los diferentes servicios ecosistémicos de los bosques con su propia actividad empresarial. El aprovechamiento forestal para madera o biomasa, o la restauración hidrológico-forestal para la regulación hídrica o prevención de riesgos climáticos, son algunos ejemplos de actividades que podrían integrarse en la cadena de valor de las compañías.
Bajo este marco, la gestión forestal sostenible permitirá la valorización de los recursos forestales, tangibles e intangibles, identificando diferentes fuentes de ingresos. La diversificación de rentas es clave para desbloquear el sector forestal y movilizar capital privado con criterios de impacto sostenible. Inversores con interés en generar impacto social —como la fijación de población rural o la creación de empleo “verde”— pueden encontrar en el sector forestal una oportunidad diferencial.
En definitiva, el sector forestal no solo es parte de la solución climática, también es motor de desarrollo territorial y crecimiento económico. Para ello, necesita un marco que combine innovación financiera, visión estratégica y compromiso con el capital natural. La inversión privada no solo es compensación, sino creación de valor para la naturaleza.