La reanudación de los bombardeos israelíes, el pasado día 18, ha devuelto a Gaza al horror previo al respiro del alto el fuego, en el que los ataques contra escuelas, hospitales, ambulancias o tiendas de campaña que despertaban inicialmente la indignación internacional acabaron convertidos en rutina. Este miércoles, un bombardeo sobre una clínica de la ONU que albergaba a unos 700 desplazados causó al menos 22 víctimas mortales (16 de ellas niños, mujeres y ancianos). Este jueves, ha sido el turno de otro edificio, una escuela en Gaza capital, en la que vivían familias que han perdido sus casas o han sido obligadas a huir de las zonas que ocupa el ejército israelí, una cuarta parte ya de la Franja. El ataque ha causado al menos 27 muertos (incluidos menores y mujeres) y más de 70 heridos, según los servicios de emergencia. En ambos casos, el ejército israelí aseguró que el objetivo era un “centro de mando y control de Hamás”.
Se trata de la escuela Dar al Arqam, en el barrio Al Tufaj de Ciudad de Gaza, sobre la que se alzó una gran nube gris tras el potente bombardeo. Las imágenes de televisión muestran al menos una decena de niños muertos o heridos en el suelo y los intentos de la gente por rescatar a quienes quedaron atrapados entre los escombros en medio de una amplia destrucción. El Gobierno de Hamás asegura que Israel lanzó contra la escuela “varios misiles de enorme poder destructivo”.














El ejército israelí ha señalado que su objetivo eran “importantes terroristas” y que tomó “numerosas medidas para mitigar el daño a los civiles, incluido el uso de vigilancia aérea e inteligencia adicional”.
Poco después, el escudo contra proyectiles del ejército israelí ha interceptado un cohete lanzado desde Gaza contra el cercano kibutz de Nahal Oz. Desde el fin del alto el fuego, las milicias palestinas apenas han disparado proyectiles contra Israel.
Expansión
El bombardeo llega en plena expansión de la invasión terrestre y con la población de Gaza sin ayuda humanitaria (alimentos, agua embotellada, medicamentos, etc.) ni electricidad para la planta desalinizadora desde hace un mes. En la víspera, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, anunció el despliegue de una división que había servido en Líbano y la intensificación de la ofensiva para capturar “amplias áreas” del enclave e incorporarlas a la zona tampón que mantiene en los contornos. Este jueves, el ejército ha cifrado en 600 los objetivos bombardeados en Gaza desde que rompió el alto el fuego y en 250 los “terroristas” muertos, de un millar en total que dan las autoridades sanitarias de Gaza. También ha ordenado nuevos desalojos a la población, en Gaza capital y en Shuyaia, en el norte y ya vaciada y muy castigada el año pasado.
Las Fuerzas Armadas de Israel han creado además un segundo corredor militar para fragmentar aún más Gaza internamente. Bautizado como Morag (por el asentamiento judío que había allí hasta su desmantelamiento, como el resto de colonias, por el Gobierno de Ariel Sharon en 2005), separa las ciudades meridionales de Rafah y Jan Yunis. Como el sur de Gaza es más ancho, ocupa casi el doble que el otro corredor que parte Gaza, el recientemente reocupado Netzarim, en el centro.
En una videoconferencia con periodistas desde Gaza este jueves, el portavoz internacional del ejército israelí, Nadav Shoshani, ha justificado la creación de Morag en que las tropas pueden “entrar y salir según las directrices políticas” y en la necesidad de separar las “capacidades que le quedan” a las brigadas de Hamás en Rafah y Jan Yunis, “tanto en la superficie como bajo tierra”.
La pasada semana, el primer ministro Benjamín Netanyahu describió su plan en Gaza: que Hamás se rinda y entregue las armas para que Israel la ocupe y aplique la iniciativa esbozada en febrero por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de vaciarla de sus más de dos millones de habitantes. “Ese es el plan. No lo estamos ocultando”, dijo.