viernes, abril 17, 2026

Bimba y Lola refuerza sus costuras: así se ha consolidado un proyecto que nació hace 20 años entre gigantes de la ropa | Negocios

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Cuando abrió su primera tienda hace 20 años, la compañía gallega Bimba y Lola no solo tomó prestado el nombre de las galgas de sus fundadoras, también su naturaleza veloz. Inauguraron más de 40 tiendas en apenas un año y no tardaron mucho más en salir al exterior. Estas dos decisiones tempranas marcaron el devenir de una marca que, dice José Manuel Martínez, su director ejecutivo, no es una pequeña que crece, sino una grande en construcción. Tras años de incremento de las ventas a doble dígito y a las puertas de la adolescencia, decidieron no finalizar un proceso de apertura de capital, lo que les permitió afrontar el futuro y la crisis de la covid-19 con sus propios medios. Con cada zancada, Bimba y Lola fue ganando posiciones, no sin obstáculos, en la industria textil. Fruto de este crecimiento, en 2025 alcanzó su facturación récord.

“Ha sido un año un poco de estabilización”, dice Martínez por videollamada sobre un ejercicio, que finalizó el pasado febrero, en el que la marca ingresó más de 250 millones de euros, un 7% más. La compañía venía de cerrar en 2024 un periodo de inversión que incrementó su deuda más de lo deseado, así que en 2025 echaron el freno y se enfocaron en reducirla hasta niveles en los que vuelven a sentirse cómodos. “Si hubiéramos hecho expansión, probablemente hubiéramos crecido a doble dígito”, asegura el director ejecutivo en referencia al crecimiento en términos comparables, o like for like, en todos los mercados y canales. Actualmente, la marca cuenta con 321 tiendas entre propias y franquicias, 11 más que el ejercicio anterior.

Uxía y María Domínguez, cuyo apellido ya da una idea de qué casta le viene al galgo, quisieron emprender su propio camino en 2005 tras pasar por el negocio familiar. Nietas del sastre Adolfo Domínguez, sobrinas del diseñador del mismo nombre e hijas de Jesús Domínguez, cofundador de Textil Lonia, licenciataria de Carolina Herrera y propietaria de Purificación García, buscaban una propuesta joven, divertida y con la que se pudieran identificar, enmarcada en el lujo accesible. Aquella apuesta requería determinación y un plan contundente de aperturas: “Ese tipo de producto, con ese nivel de calidad y diseño, y a ese tipo de precios, exigía volumen”, relata Martínez. En 2008, dos años después de la primera inauguración y con una red de tiendas que se encaminaba hacia la centena, se aventuraron en el mercado exterior, donde la competencia les hizo elevar su nivel de exigencia. Con “From Vigo to the World (de Vigo al mundo)” por bandera, el negocio internacional, que concentra la mitad de las tiendas, aporta ya el 44% de los ingresos. Tras España, México es su principal plaza: “Latinoamérica en su conjunto es un grandísimo mercado para Bimba y Lola”, dice su director general.

La compañía creció a un ritmo espectacular durante años, con incrementos de ventas superiores al 10% que llegaron a sobrepasar el 30%. Con la internacionalización en marcha, pero conscientes de las limitaciones de su experiencia, en 2017 iniciaron un proceso para abrir su capital a un socio con el que avanzar en la globalización de la marca. “No fue por una cuestión financiera, porque la compañía generaba caja de sobra [para financiar la expansión]. Era una decisión estratégica”, señala el director ejecutivo. En verano de 2018, sin embargo, cerraron esa puerta. Entonces se habló de desacuerdos por el precio, pero, según Martínez, tuvo que ver con la retirada por causas ajenas a la compañía del fondo elegido —que de hecho proponía una valoración algo menor que la del otro contendiente— y la comprensión de que podían hacerlo solos. A ojos de Martínez, aquella decisión fue vertebral para la compañía, que mantuvo su visión a largo plazo y llegada la pandemia tomó decisiones, también definitorias para su futuro, sin estar condicionada por los niveles de apalancamiento y la urgencia financiera habituales en el capital riesgo.

En ese viaje que emprendieron en solitario, Bimba y Lola recompró franquicias —el 95% del negocio de la marca es propio—, trabajó en hacer su logística escalable y eficiente, y redefinió el concepto de tienda para conquistar nuevos mercados, entre otras inversiones. Y lo hizo a pesar de la covid-19 y el estancamiento posterior de las ventas. “Antes tenías la sensación de cierta estabilidad global y un entorno conocido. Desde 2020 no hay entorno conocido”, cuenta Martínez sobre los problemas que siguieron a la pandemia, como el bloqueo del canal de Suez, la guerra de Ucrania o la más reciente guerra en Irán. Su facturación siguió creciendo, pero a un ritmo más pausado.

La subida de costes y la ralentización de las ventas, sumado a la devaluación del euro, la amortización de la deuda y el pago de intereses se dejaron notar en la rentabilidad. Tanto el beneficio de explotación (ebitda) como el beneficio neto se redujeron en los últimos años y se situaron en 19,3 millones y 1,5 millones, respectivamente, en 2024, frente a los 24,4 y 6,1 millones del año anterior. “El ebitda no ha sufrido tanto como el beneficio neto, pero estamos seguros de que este año va a tener una mejora importante, muy importante”, asegura Martínez sobre un dato que cree que superará sus previsiones y que aún no han hecho público a la espera de la presentación de los resultados consolidados.

Dos pasos por delante

Bimba y Lola se hizo un hueco hace 20 años y, lo más difícil, lo ha mantenido. Lo primero, cuenta el director ejecutivo, porque arrancó con una idea muy clara de en qué ocasiones y a qué tipo de mujer llegar: “Está muy clara desde el principio y todo lo que hace Bimba se construye a su alrededor”. Y lo segundo, porque no deja caducar su propuesta. “Esa capacidad de ir pensando un poquito siempre por delante, arriesgándote a soltar amarras con lo que estabas haciendo para hacer cosas nuevas, es lo que te mantiene fresco”, dice. Aunque su catálogo incluye ropa y otros complementos, el bolso sigue siendo la joya de la corona y liderando las ventas. Algo más de una de cada cinco proviene del canal digital, después de crecer un 12% el año pasado.

Saben que las grandes apuestas requieren mucho más músculo del que tienen, y abordan su expansión con sentidiño. “Estamos haciendo mercado en Asia y Europa, pero a pasitos”, apunta Martínez. Estados Unidos también está en el plan, pero la deriva arancelaria de Donald Trump, especialmente en China, donde está buena parte de su producción, les ha hecho bajar marchas en este mercado. “Vamos a ir con una filosofía de construir poco a poco en los tres”, concluye el director ejecutivo.



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