
Durante años, la imagen de una vivienda sostenible ha sido la que tenía placas solares en la cubierta, madera vista, aerotermia, jardines, sensores, materiales eco… Pero el cambio que empieza a abrirse paso en el sector va bastante más allá. Toca medir cómo consume una vivienda, con qué materiales se construye, cuánto carbono arrastra desde la obra, cuánto costará mantenerla, cómo se ventila y si será capaz de resistir un clima más extremo. Porque una etiqueta verde sin respaldo verificable ya no es sostenibilidad.
Lo eficiente es entender a tu hogar
Para quien ya tiene vivienda y quiere mejorarla, el primer paso no es instalar placas ni cambiar la caldera, sino entender cómo se comporta energéticamente. Un arquitecto especializado puede orientar ese diagnóstico. Antes de 2027 llegará el pasaporte de renovación: una hoja de ruta por edificio que facilita ayudas y financiación. Para quien compra, el mínimo es la certificación energética: si es E, F o G, habrá que rehabilitar. Dolores Huerta, del Green Building Council España, aconseja verificación por un esquema independiente: BREEAM, LEED o VERDE, de GBCe. Alex Garate, de Ingreen Innovación, recuerda que una etiqueta ecológica sin datos verificables de su ciclo de vida no es sostenibilidad: es marketing.