
En las entrañas del desierto oriental de Egipto, a solo unos kilómetros de la ciudad de Marsa Alam bañada por el mar Rojo, un grupo de arqueólogos ha desenterrado en los últimos años un extraordinario complejo de extracción y procesamiento de oro de hace unos 3.000 años. Entre las instalaciones sacadas a la luz han hallado talleres de trituración y molienda, balsas de filtración y hornos de arcilla, además de residencias, templos y edificios administrativos.
Los arqueólogos han averiguado que la actividad minera en el lugar se concentró en el Tercer Periodo Intermedio del antiguo Egipto, entre las dinastías XXI y XXV, unos 300 años después de que la fiebre del oro en la zona llevara a los faraones Tutmosis III y Amenofis IV a ordenar expediciones en las que se hallaron más de dos centenares de depósitos auríferos. Aunque las primeras evidencias de yacimientos en la región son aún anteriores, fue durante sus reinados cuando se organizaron algunas de las misiones más emblemáticas en estas inhóspitas tierras.
Tomando el relevo de aquellos agudos prospectores de antaño, Egipto anunció este mayo su primer reconocimiento geológico nacional en más de cuatro décadas, que cubrirá el desierto oriental además del que se extiende al oeste del río Nilo y en el Sinaí. Para ello, unirá ahora esfuerzos con la empresa española Xcalibur, líder mundial en el uso de tecnologías geofísicas aéreas e inteligencia artificial para cartografiar recursos subterráneos desde el aire, identificar zonas prometedoras para la explotación minera y reducir así el riesgo de futuras inversiones. A pesar de su larga tradición extractiva y de considerarse un país con una notable riqueza de minerales, este sector apenas contribuye un 1% al PIB del país que ahora se ha marcado el objetivo de aumentar la cifra hasta el 6%. Con este objetivo, El Cairo ha adoptado reformas para hacer el sector más atractivo y competitivo, incluido en términos de adjudicación de licencias y distribución de ingresos. Pero para darle un verdadero impulso es clave que el país mapee exhaustivamente primero su extenso subsuelo.
Más allá del oro que ya codiciaban los faraones, se estima que Egipto cuenta con una notable variedad de minerales, entre los que destacan sus vastos depósitos de arenas negras en su costa mediterránea, que podrían albergar grandes cantidades de minerales pesados como el titanio, el circonio y las cotizadas tierras raras. Además, el país posee prometedoras reservas de fosfato y de cuarzo, y su desierto oriental alberga depósitos de cobre y de zinc.
Ayuda española
Para localizar todo este tipo de recursos con precisión, Xcalibur dispone de una flota de 45 aeronaves, entre aviones y helicópteros, equipadas con sistemas geofísicos para radiografiar territorios extensos e identificar las propiedades de su superficie y subsuelo. Con el empleo de tecnologías de vanguardia en estos laboratorios volantes, la empresa es capaz de mapear la conductividad eléctrica de un terreno, medir la densidad o detectar estructuras geotérmicas. Para El Cairo, localizar zonas con potencial minero y comenzar la extracción en bruto supone un primer paso. Dado que el auténtico negocio se encuentra en su procesamiento y refinación, el país también está apostando por desarrollar una industria, aún emergente, a su alrededor, centrada por hoy en el tratamiento de arenas negras y fosfato, que es por ejemplo una materia indispensable para alimentar una de sus grandes industrias de exportación: los fertilizantes.
Además, Egipto no quiere perder la oportunidad de beneficiarse del interés global que existe por los minerales esenciales para las tecnologías que deben impulsar la transición energética. Por si esto no fuera suficiente, ejercer mayor control sobre sus recursos minerales, en especial en el desierto oriental, representa una cuestión de seguridad para Egipto. En la última década, el auge de la minería informal de oro, el surgimiento de milicias a su alrededor, y los intentos del Estado para recuperar su gestión han desatado una guerra de baja intensidad en la región. Así que, de la habilidad de El Cairo para desactivarla dependerá, también, el éxito de la empresa.
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