En Francia hay 20.000 pueblos donde no queda un solo comercio, ni siquiera un bar, que “suele ser el último superviviente” en el proceso de desertificación de las zonas rurales. Lo explica Guillaume Kasbarian, el diputado promotor en la Asamblea Nacional de una proposición de ley que busca flexibilizar los trámites para poder obtener la licencia necesaria para abrir un bistró o café en los núcleos de menos de 3.500 habitantes, donde apenas hay servicios.
En medio siglo la cifra de bares se ha dividido por cinco: En los años 60, en la Francia rural había unos 200.000 establecimientos de este tipo, “que son también parte de la cultura francesa”, y hoy hay menos de 40.000. “Hay lugares donde ya no queda nada y vemos que hay una necesidad clara de abrirlos, pues son un motor económico y social”, explica el diputado del partido del presidente, Emmanuel Macron. La propuesta de ley, que se votó a finales de marzo en la Asamblea y tiene que ser validada por el Senado antes de ser aprobada definitivamente, facilita la creación de nuevas licencias “tipo IV”, las que necesitan los emprendedores para abrir un bar donde se permite la venta de alcohol de más de 18 grados.
La ley actual, que data de la Segunda Guerra Mundial, prohíbe crear nuevos permisos argumentando un tema de salud pública, para evitar el consumo de alcohol. Por ello, un emprendedor que desee abrir un bar sólo puede hacerlo comprando la licencia de otra persona que vaya a cerrar su local. Esta “ley obsoleta y nada adaptada al momento actual” limita la actividad. Según denuncian los diputados, muchos no pueden asumir el coste del permiso, que varía en función del tamaño de la ciudad. En los pueblos pequeños puede rondar “los 7.000 o 10.000 euros, mientras que en grandes ciudades asciende a decenas de miles de euros”.
La nueva normativa busca flexibilizar la vigente, para que se puedan autorizar nuevas licencias, gratuitas, en las zonas de menos de 3.500 habitantes donde actualmente no hay ningún bar. “Se trata de simplificar los trámites a los empresarios y rebajar la burocracia de los procesos en estos lugares menos atractivos, donde ya es difícil crear un comercio”, explica Kasbarian.
Esto “permitirá revitalizar nuestras zonas rurales y facilitar la vida a los empresarios”, defendió la ministra de Comercio, Véronique Louwagie, en el debate en la Asamblea. La Cámara validó la iniciativa con el apoyo de todos los grupos, a pesar de las reticencias iniciales de algunos diputados del bloque de izquierda. Estos alegaban que los bares hacen que aumente el consumo de alcohol. “Esta lacra es responsable de 41.000 muertes prematuras cada año”, criticaba el diputado Hendrik Davi, del grupo ecologista. El partido de izquierda La Francia Insumisa teme que, aprovechando este cambio de normativa, se abran más bares en localidades grandes, donde ya hay oferta.
A vueltas con el alcohol
En las zonas rurales el 80% del alcohol que se consume se compra en las grandes superficies y en la distribución. “Que no haya un bar en el pueblo no significa que la gente no vaya a beber, sino que compran el alcohol en la tienda y lo consumen en casa, mientras que en un establecimiento este consumo está más asociado a la socialización y al disfrute”, defiende Kasbarian, ex ministro de Vivienda, que cree que los bares juegan de alguna manera “un rol de control”. En los pueblos pequeños, los bistrós y bares “ofrecen un modelo multiservicio, fundamental para la población”, pues proponen una diversidad de oferta, porque venden también prensa, hacen de punto de entrega y recogida de pedidos y se venden otro tipo de productos.
El margen que tienen los empresarios sobre el alcohol que venden es mayor que sobre otros productos, lo que “permite a estos emprendedores equilibrar el modelo, para que su negocio sea rentable. Sin alcohol el modelo sería deficitario”. La norma tiene que pasar aún el corte del Senado, y se prevé que pueda entrar en vigor en verano. Según la asociación de alcaldes de Francia, alrededor de 31.000 pueblos de menos de 3.500 vecinos (sobre un total de 35.000) podrían beneficiarse de esta medida.
Aquí puede consultar las últimas Cartas del corresponsal