El Bayern Múnich y el Auckland City demostraron empíricamente que 900 millones de euros pueden más que cinco. Por si había dudas. Gracias al Mundial de Clubes de la FIFA, experimento social y deportivo sin precedentes, la diferencia de valor entre una plantilla de aficionados y una de profesionales de primera categoría se expresó en el laboratorio de Cincinnati con un 10-0 que los hinchas apostados en las gradas medio llenas, medio vacías, celebraron sin demasiado entusiasmo. El Bayern no precisó salir de su zona de confort para arrasar.

10
Manuel Neuer, Jonathan Tah, Josip Stanisic (Adam Aznou, min. 81), Sacha Boey, Raphaël Guerreiro (Dayot Upamecano, min. 60), Kingsley Coman (Serge Gnabry, min. 45), Joshua Kimmich, Michael Olise (Lennart Karl, min. 45), Thomas Müller, Aleksandar Pavlovic y Harry Kane (Jamal Musiala, min. 60)
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Conor Tracey, Regont Murati, Adam Mitchell, Nathan Lobo (Jerson Lagos, min. 65), Nikko Boxall, Michael den Heijer (Alfred Rogers, min. 81), Mario Ilich, Gerard Garriga (Zhou Tong, min. 65), David Yoo (Ryan De Vries, min. 70), Dylan Manickum (Angus Kilkolly, min. 70) y Myer Bevan
Goles
1-0 min. 5: Kingsley Coman. 2-0 min. 17: Sacha Boey. 3-0 min. 19: Michael Olise. 4-0 min. 20: Kingsley Coman. 5-0 min. 44: Müller. 6-0 min. 47: Michael Olise. 7-0 min. 67: Jamal Musiala. 8-0 min. 72: Jamal Musiala. 9-0 min. 83: Jamal Musiala. 10-0 min. 88: Müller
La directiva del Bayern necesitaba un momento de sosiego después de varias semanas agotadoras en un intento por reconfigurar una plantilla que no acaban de redondear. La negativa de la nueva perla del fútbol alemán, Florian Wirtz, que les dio esquinazo cuando le creían fichado, supuso un hito en la historia reciente de un club acostumbrado a contratar sin apenas competencia a todos los grandes talentos que produce el país. Al chasco de Wirtz siguió la opereta de Leroy Sané. El extremo, considerado por el presidente Uli Hoeness hasta hace un año como la gran estrella alemana de la plantilla, terminaba contrato en julio. Después de acordar verbalmente una renovación que le aseguraba un sueldo de ocho millones de euros netos, rompió con su agente, se puso en manos de Pini Zahavi, y rechazó la oferta. El Bayern le ofreció 12 millones de fijo más tres de variables. Igualmente los rechazó para vincularse al Galatasaray, flamante campeón de Turquía. El acto de la firma, celebrado en Estambul la semana pasada, fue un show. Pero Sané sigue en el Bayern.
Sané, de 29 años, viajó a Estados Unidos con el Bayern, ya que tiene contrato hasta julio, y jurídicamente debe estar disponible hasta octavos de final. “Es un problema del calendario”, dijo Vincent Kompany, el bonachón entrenador del Bayern. “Este Mundial está en el medio de la ventana de fichajes, Leroy quiso tomar parte, y lo demás forma parte del negocio del fútbol”.
Más negocio que fútbol fue lo que se vio en el estadio TQL de Cincinnati. Por si acaso, Kompany no alineó ni un minuto a Sané. No hizo falta. Los caprichos del atacante de 29 años han condicionado la estrategia deportiva del club desde que llegó procedente del Manchester City, en 2020. Su sustituto, el inglés Michael Olise, no tiene nada que envidiarle. Su marcador, Nathan Lobo, pasó una tarde de perros. El zurdo se le fue por potencia, por velocidad y por astucia. Metió dos goles y dio una asistencia camino del 6-0 del descanso. Fueron los primeros tantos en reflejarse en los marcadores del campeonato: Coman los inauguró gracias a una defensa desesperada que apenas salió del área chica, en donde el más pintón resultó Conor Tracey, el portero, experto en el manejo de toros mecánicos en un almacén de las antípodas.
Olise fue elegido MVP del partido. Fue sin duda el jugador más destacado de un Bayern acomodaticio, que se contentó con presionar a sus angustiados oponentes para resolver las jugadas a base de centros. Centros de los laterales, de los extremos, de los pivotes. Manejado por Kimmich y Pavlovic, el equipo bávaro careció de imaginación para más y por el camino condenó a su futbolista más inteligente, Harry Kane, a vivir encerrado entre diez rivales y el portero, en cinco metros cuadrados, a ver venir balones colgados. Tuvo que entrar Musiala en la segunda parte para cambiar la onda. El volante llevaba dos meses de baja y su ingreso tuvo un efecto revolucionario porque en lugar de centrar se metió por dentro. Bingo. Hizo tres goles para liquidar un trámite forzosamente distorsionado por la naturaleza del torneo: 31 tiros a favor del Bayern por uno en contra y 72% de posesión. Nada sorprendente cuando por debajo de la alfombra del máximo nivel se enfrentan aficionados contra aspirantes a ganar la Champions.