
La gélida respuesta de los accionistas de Banco Sabadell a la oferta de compra de BBVA el pasado octubre puso fin a uno de los episodios estratégicos más largos y controvertidos de la historia reciente del banco vasco. El mercado reaccionó con un mensaje claro: alivio. La acción subió hasta otorgarle una capitalización histórica de 115.000 millones de euros, el foco regresó a los resultados y la entidad recuperó una narrativa más reconocible. Con el ruido disipado, la cuestión ya no es qué ocurrió con Sabadell, sino qué revela ese capítulo cerrado sobre el rumbo que toma ahora BBVA.
La respuesta apunta en una dirección clara. BBVA vuelve a ser leído como un relato autónomo, basado en una rentabilidad elevada, una sólida generación de beneficios y una disciplina financiera que el mercado valora especialmente. Más de una veintena de firmas siguen el valor y la mayoría recomienda comprar sus acciones, con precios objetivo de entre 19 y 23,6 euros. La tesis común se apoya en un dato clave: el banco obtiene una rentabilidad sobre su capital en torno al 20%, muy superior a la media europea, y mantiene previsiones de crecimiento del beneficio por acción de doble dígito hasta 2028.
Goldman Sachs ha reforzado recientemente su respaldo al valor al incorporarlo a su European Conviction List, una selección reducida de las opciones de inversión más diferenciadas en Europa, apoyándose en su capacidad de crecimiento, su eficiencia operativa y su elevada rentabilidad; Bank of America lo ha elegido como su entidad favorita en el país al destacar que combina crecimiento y retribución al accionista mejor que muchos competidores; y casas como Jefferies o Price Target Research coinciden en que el valor del banco se explica, sobre todo, por lo que ya hace, no por lo que podría comprar.
El propio Carlos Torres, presidente de la entidad, desveló la semana pasada que proyecta generar capital por unos 49.000 millones de euros hasta 2028 y que alrededor de las tres cuartas partes de esa cantidad (36.000 millones) “los dedicaremos a remuneración a nuestro accionista” una vez cubiertas las necesidades de crecimiento orgánico.
Los analistas apuntan a una combinación de dividendos crecientes y recompras de acciones. Para firmas como Jefferies, el cierre del proceso corporativo libera margen para devolver al accionista una parte relevante del capital acumulado entre 2025 y 2028. Price Target Research define a BBVA como un “gran creador de valor”, al considerar que su rentabilidad supera ampliamente el coste de capital y que su potencial de revalorización no depende de nuevas operaciones corporativas.
Esta vuelta a lo esencial empieza a reflejarse también en decisiones técnicas, menos visibles pero significativas. Hace unas semanas, la entidad anunció la amortización anticipada de un instrumento de capital híbrido (un bono diseñado para absorber pérdidas en escenarios adversos) por valor de 1.000 millones, una decisión que los analistas interpretan como una señal de fortaleza del balance y de normalización tras el episodio del Sabadell.
Que el mercado haya dado a entender que BBVA no necesita comprar otros bancos para crear valor no significa que la entidad esté libre de riesgos. Al contrario, devuelve al primer plano las fortalezas y vulnerabilidades estructurales del grupo, en especial su exposición internacional en un contexto sectorial menos favorable que el de los últimos años. La banca europea entra en una fase en la que los tipos de interés empiezan a bajar y los márgenes dejan de beneficiarse automáticamente.
“Tenemos un entorno que continuará siendo complejo. Hemos visto estos primeros días del año tensiones geopolíticas continuadas, pero las perspectivas son buenas en todos nuestros mercados”, reconoce su presidente.
México sigue siendo el principal motor de resultados y la piedra angular de la tesis de inversión. Su contribución al beneficio del grupo ronda el 45% del resultado atribuido, y los analistas observan con atención la evolución del ciclo económico, la regulación y el tipo de cambio. Un análisis de JP Morgan centrado en BBVA México apunta a una desaceleración gradual del crecimiento de su sector bancario tras varios ejercicios excepcionalmente favorables. Destaca un aumento de las provisiones y del coste del riesgo, el dinero que los bancos reservan para cubrir posibles impagos. BBVA México mantiene, aun así, una rentabilidad superior a la de sus competidores, con niveles de eficiencia mejores que los de Banorte.
JP Morgan añade que el mercado sigue digiriendo posibles cambios regulatorios con impacto a partir de 2026, desde una mayor carga fiscal efectiva hasta ajustes en deducciones o en el tratamiento del IVA en determinados productos financieros. Ninguno de estos factores altera por sí solo la tesis de inversión, pero sí dibuja un escenario menos complaciente. En este contexto, cualquier desviación relevante en México —ya sea por regulación, ciclo o tipo de cambio— tendría un impacto inmediato en la percepción del grupo, porque no hay hoy otro mercado con capacidad de compensarlo en el corto plazo.
Turquía continúa siendo el elemento más controvertido del perímetro. El consenso asume que la filial Garanti, que aporta algo más del 7% del beneficio global, puede convertirse en una fuente relevante de resultados a medio plazo, pero también reconoce que su contribución está sujeta a una elevada volatilidad. Torres explicó que “la normalización” de su situación macro “aumentará su contribución a los resultados del grupo”.
Posición en Venezuela
Aunque con poca relevancia en el dibujo completo, BBVA mantiene una posición única en uno de los focos geopolíticos del momento: Venezuela. A través de su filial BBVA Provincial (participada al 55%), es la única entidad extranjera con operaciones regulares mediante una de sus 160 oficinas y unos 2.000 empleados. Sin embargo, su contribución al grupo es marginal: el valor en libros de esta filial ronda los 100 millones, frente a 21.100 del negocio mexicano. El presidente de BBVA ha subrayado que la presencia en Venezuela no obedece a una apuesta de crecimiento, sino a la continuidad del servicio a los clientes en un entorno marcado por restricciones económicas y regulatorias.
Esta especie de retorno a la esencia ha servido para poner a prueba la distancia entre el discurso estratégico y el veredicto del mercado y para aclarar qué es lo que hoy se valora realmente en un gran banco europeo. BBVA afronta una etapa menos ambiciosa que una gran fusión, pero probablemente más exigente: mantener una rentabilidad de referencia, gestionar con cuidado sus mercados clave y devolver capital de forma sostenida en un entorno más complejo. El mercado, de momento, le concede credibilidad. Mantenerla será otra historia.