domingo, mayo 31, 2026

El mito del multimillonario hecho a sí mismo

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En 1981, el presidente estadounidense Ronald Reagan quiso recortar fondos a los programas de nutrición infantil como parte de un plan más amplio para equilibrar el presupuesto y reducir impuestos, sobre todo a los ricos. De pronto, los gestores escolares iban a tener que achicar gastos en los almuerzos escolares subsidiados, y el Departamento de Agricultura (USDA) propuso permitir que condimentos como el ketchup y la salsa de pepinillos se clasificaran como verduras. El escándalo obligó a retirar la norma, pero el episodio quedó grabado como manifestación de una realidad persistente: las rebajas impositivas para los ricos suelen pagarlas los pobres. Sin embargo, los funcionarios no aprendieron la lección. La ley tributaria de Reagan redujo el tipo marginal máximo del 70% al 50% y el impuesto a las plusvalías del 28% al 20%, mientras que los tramos más bajos recibieron un alivio escaso. Para compensar la pérdida de recaudación, los servicios destinados a los pobres quedaron tocados. La reclasificación de condimentos no prosperó, pero otros cambios en el programa nacional de almuerzos escolares —reducción de subsidios y requisitos de acceso más estrictos— sí lo hicieron. También se recortaron otros programas de apoyo a hogares menos pudientes.

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