Hace una semana, el Gobierno francés vendía a los ciudadanos un producto de inversión impensable hace tres años: un fondo en el que los ciudadanos, a partir de 500 euros, podrán convertirse directamente en accionistas de las empresas que fabrican armas de guerra. Aunque los detalles están por definir, el hecho de hacer un llamamiento a los compatriotas para que inviertan en Defensa da una idea de cuál va a ser una de las prioridades en materia económica en los próximos años de Francia, potencia nuclear y uno de los países europeos que más ha defendido el rearme frente a la amenaza rusa.
París quiere duplicar su gasto militar, hoy de 50.000 millones de euros, para que llegue a 100.000 millones en 2030. Esto en un contexto económico no muy favorable, con un PIB que crece tímidamente y un déficit disparado. La idea, además, es hacerlo sin subir impuestos ni debilitar el generoso modelo social francés, que se come el 65% del gasto presupuestario.
Este ardor guerrero llega en un momento en el que Europa busca cómo pagar un rearme no visto en décadas. “Francia afronta dos retos. Uno es cómo va a financiar este ambicioso gasto en defensa con dinero público teniendo en cuenta las tensiones presupuestarias que ya tiene. El otro desafío es cómo inyectar inversión suficiente al sector privado para que las empresas que producen armas adecuen la oferta a la demanda exigida”, explica Tomasz Michalski, economista de la escuela de negocios HEC en París.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ya dijo en 2022 que el país entraba “en una economía de guerra”. Es el líder europeo que más ha defendido la necesidad de una soberanía militar en el Viejo Continente y ha convertido la Defensa en una prioridad nacional. La semana pasada reunió en el palacio del Elíseo a los principales empresarios del sector, entre ellos grupos como Thales o Dassault, el fabricante de los aviones Rafale. En ese evento se anunció que se aumentaría la producción de aparatos.
Días antes, los ministros del área económica del Gobierno se reunían para ver cómo encajar este aumento del gasto militar dentro de los presupuestos de 2026, que están elaborando. “El país ya tiene problemas presupuestarios, un crecimiento débil y un déficit excesivo, así que no hay mucha capacidad de maniobra, el margen es mínimo”, explica Michalski.
Menor crecimiento
Según el análisis de Yann Tampereau, responsable de Estudios Económicos del equipo de Caisse de Dépôts, la idea es que ese aumento suplementario del gasto en los presupuestos “no anule otros que puedan servir de estímulo para el crecimiento”. El Banco de Francia acaba de revisar a la baja su previsión de crecimiento para este año, al 0,7%, tras el 1,1% del precedente. Lo que sí ha revisado al alza el Gobierno en los últimos años es el déficit, del 6% del PIB en 2024. Busca reconducirlo al 5,5% este año y es uno de países de la zona euro más alejados del 3% fijado por Bruselas, aunque, como recuerda Tampereau, para los países europeos aumentar el gasto militar “supone aceptar el déficit” y que habrá vaivenes.
Tratar de rebajarlo es lo que llevó al Gobierno precedente, el del conservador Michel Barnier, a presentar los presupuestos con más recortes desde la II Guerra Mundial. Fueron los que llevaron a su caída en el mes de diciembre, tras la censura en el Parlamento apoyada por el bloque de izquierda y de la extrema derecha de Marine Le Pen. Las cuentas se aprobaron in extremis el pasado enero, ya con el nuevo primer ministro, François Bayrou.
“Hay fórmulas impopulares para financiar la Defensa, como subir los impuestos. Caería el consumo o las inversiones de las empresas, lo que perjudicaría el ya escaso crecimiento”, indica una fuente del sector financiero. “Se trata de hacer que parte del gasto público bascule a lo militar, pero sin tocar el modelo social francés, pues el ciudadano no va a aceptar que se debilite”, explica. Tanto Tampereau como Michalski coinciden en que una de las soluciones es “utilizar el dinero ajeno”: animar a los ciudadanos a invertir en la industria militar, que “sea el ahorro el que financie la capacidad de producción de armamento”. “Hay gran parte de este dinero que se invierte en otros sectores y la idea es reorientarlo a la Defensa”, dice el profesor de la HEC.
El ministro de Economía, Eric Lombard, anunció este jueves una inversión de 1.700 millones de euros por parte de entidades públicas, como Caisse de DéPôts o el banco público de inversión (Bpifrance), para las empresas de Defensa. Estas “necesitan al menos 5.000 millones de euros de capital extra, de inversores públicos o privados, para poder adaptar la cadena de producción al ritmo de estos tiempos”, dijo.
El banco público de inversión ha lanzado el citado fondo de 450 millones de euros para que los franceses participen en la financiación del rearme. Esta especie de sistema de bonos de guerra, según coinciden los analistas, tiene que ser lo suficientemente atractivo. La Livret A, el producto de ahorro creado por el Gobierno y el de más éxito entre los franceses, “da una rentabilidad máxima del 3%. Es una cuenta estable, pero con un techo. La idea es ofrecer un producto que de una rentabilidad superior”, dice Michalski. Según un sondeo de Ipsos, el 60% de los franceses no se opone a la idea de suscribirse a un producto remunerado como el Livret A, pero el 55% se negaría a una merma en el gasto para prestaciones sociales y el 64% no aceptaría una subida del impuesto para financiar el área de Defensa.
Para Michalski, “el gran reto no es para las cuentas públicas, sino para la industria, que tiene que escalar y es algo que no se ha visto. Comprar fábricas y encontrar mano de obra, se trata de la reindustrialización de Francia”.