
Nacida en Madrid en 1964, Lola Solana inicia la conversación con una confesión: “Hay tres cosas a las que nunca digo no: a un café, a una copa de vino y a un décimo de lotería”. La responsable del fondo Small Caps del Banco Santander, donde lleva trabajando 37 años y se reconoce como “la más antigua de la gestora”, es también presidenta del Instituto Español de Analistas. Se define como una persona luchadora, alegre y vital: siempre dice que lo mejor está por venir. También como “un poco vengativa”. Es tan apasionada que ha logrado trasladar el gusanillo de la inversión a sus tres hijos, que siguen sus pasos, y siente verdadera devoción por Frank Sinatra. Eso sí, no sabe si convencerá a su hija para que suene en su boda.
Pregunta. ¿Es más de apostar o de porfiar?
Respuesta. De porfiar porque si algo me ha enseñado la vida es que el que resiste gana. La capacidad de trabajo, de sacrificio… lo que me ha dado resultado es la capacidad de aguante.
P. ¿Y qué quiere ganar?
R. Mi por qué es dejar un legado, hacer algo que le sirva a la gente. Por eso doy clase, enseño lo que a mí me ha servido. El dinero por sí solo no me sirve.
P. ¿Invierte?
R. Tengo un porcentaje alto de capital en acciones, más del que a mi marido le gustaría. Tengo la suerte de que mi trabajo es mi pasión, me genera adrenalina. Invierto en mi fondo y en acciones, aunque siempre hay que tener cash. Siempre invierto en compañías españolas y a largo plazo. Nunca haría un corto. No especulo.
P. ¿Y fuera del trabajo, qué aficiones tiene?
R. Me gusta mucho leer, que me cuenten historias. También escribir. Con 10 años escribí un cuento y gané un concurso. Luego quise ser periodista, pero mi padre me dijo que me moriría de hambre y me hice abogada porque no me dio la nota para Medicina. La astronomía, buscar planetas remotos, también me encanta, como todo lo que no es obvio. Además disfruto mucho viajando, tanto a lugares lejanos como a mi oasis de Jávea, donde tenemos casa. Y coleccionando cosas: tazas, abanicos, libros firmados por su autor… Tengo una auténtica pasión por las cajas. Mi marido está desesperado.
P. ¿Cuál es su libro “joya” firmado?
R. Carta blanca, de Lorenzo Silva.
P. Hace seis años escribió una novela para homenajear a su abuelo, Miguel Campins, ejecutado durante la Guerra Civil. ¿Piensa escribir otra?
R. Mi abuelo, que fue capaz de dar su vida por sus principios, es un gran referente para mí y traté de hacerle justicia hace seis años. Y como la vida es un círculo, Lorenzo Silva ha publicado una biografía sobre él, que me ha gustado mucho, y con mucha mayor repercusión, claro.
Yo escribo todos los días. Me gusta mucho. Cuando no puedo dormir, escribo. Hay cosas que solo sientes cuando escribes. Mi sueño es escribir otra novela. Pero aún no he tenido tiempo de darle forma. Será sobre los gloriosos años 80.
P. ¿Tiene más sueños?
R. Muchos. Quiero viajar más y hay un sitio al que me gustaría ir que es la India para visitar el Taj Majal.
P. ¿Cuál ha sido su viaje preferido?
R. De cada viaje sacas algo, aunque siempre recuerdas el primero y el último. El último ha sido Venecia, donde fui de mochilera a los 20 años y he vuelto ahora con mi hijo pequeño.
P. ¿De dónde le viene su afición a las estrellas gracias a la cual protagonizó el único anuncio de televisión que se ha hecho de un fondo de inversión desde el Roque de los Muchachos?
R. Le debo a mi marido la afición. Siempre hemos tenido telescopio. Y desde la terraza de casa podemos ver los anillos de Saturno. En Jávea, como está más nublado, es más difícil.
P. ¿Qué música le gusta?
R. Me gusta toda la música y me transporto con ella. El jazz, la música de los 80 y el flamenquito sobre todo. Y tengo auténtica pasión por Frank Sinatra.
P. ¿Se cuida?
R. No. No hago deporte. Me he apuntado a pilates, pero no lo consigo. Solo ando. La piel tampoco me la cuido mucho. Ni la alimentación. No me apasiona hacer deporte ni cocinar. Como más disfruto es con un pincho de tortilla, un vino y un poco de chocolate de postre. Es la mayor felicidad.
P. ¿Tiene estrés?
R. Un poco de estrés es bueno. No podría vivir sin él. Lo peor en la vida es el aburrimiento. Sin estrés te duermes en los laureles.
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