sábado, junio 6, 2026

Los barrios céntricos de Marruecos pagan el precio de la modernidad | Carta del corresponsal

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Más de 16.000 viviendas quedarán arrasadas en Casablanca y centenares más están siendo demolidas en Rabat para abrir paso a edificios de alto nivel inmobiliario. Las excavadoras avanzan ya hacia el corazón extramuros de la vieja medina de la capital económica marroquí. Allanan el terreno de la futura avenida Real, que conectará a lo largo de 1,5 kilómetros la monumental mezquita de Hasán II con el centro moderno de la ciudad. También han demolido, total o parcialmente, el amplio tramo de la fachada marítima de la capital administrativa que ocupa el barrio popular de l’Océan, colindante a la medina histórica amurallada, en un largo frente de ruina urbana.

Marruecos experimenta en los últimos años una fiebre modernizadora con ingentes inversiones en transporte (tren de alta velocidad, autopistas, aeropuertos…) y equipamientos deportivos (con un estadio para 115.000 personas, que será el mayor del planeta) ante el Mundial de Fútbol de 2030, organizado junto con Portugal y España. El afán por presentar ante el mundo la imagen de un país renovado en sus infraestructuras ha llevado a Casablanca, con un área metropolitana de más de cuatro millones de habitantes, a reactivar el proyecto de la avenida Real. Concebido tras la construcción de la mezquita hace tres decenios y aplazado por las limitaciones presupuestarias, el nuevo eje urbano implica el derribo de unas 16.000 viviendas y de 2.500 locales en un área de 320 hectáreas, así como el realojamiento de sus vecinos y la reorganización de las actividades comerciales.

Además de una zona verde flanqueada por edificios residenciales de alto nivel, la avenida Real incluirá en el futuro un palacio de congresos y la sede de un teatro nacional, así como la nueva estación central de autobuses de Casablanca y conexiones con la red ferroviaria. El consorcio que gestiona el proyecto agrupa a todas administraciones públicas con la Caja de Gestión y Depósitos (CDG), que actúa como entidad pública de inversión y deberá hacerse cargo del realojamiento de miles de familias en viviendas de nueva planta.

La demolición de centenares de viviendas en el barrio popular de L’Océan de Rabat (dos millones de habitantes junto con su zona de influencia) no parece responder, sin embargo, a una reforma diseñada de antemano, sino a la necesidad de transformar la deteriorada circunvalación de la capital por la costa atlántica en un moderno paseo marítimo. Tampoco cuenta con financiación y proyecto bien definidos. De acuerdo con la prensa marroquí, se trata de reconvertir gran parte de los terrenos de la primera línea de frente urbano en zonas residenciales, comerciales y turísticas en el tramo comprendido entre la alcazaba de los Udayas, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, y el flamante hotel de lujo de la cadena Four Seasons.

La urgencia del Mundial

Las excavadoras empezaron a echar abajo edificaciones en L’Océan hace más de un año, pero hasta el pasado mes de marzo no se publicó en el boletín oficial el primer decreto de declaración de utilidad pública para la expropiación de las viviendas. Entre tanto, la Administración solo ha ofrecido una vaga solución de compromiso de realojamiento para los residentes más vulnerables, en medio de una ola de críticas de la oposición, que denuncia la falta de transparencia en el proceso de desalojos y la escasa cuantía de las indemnizaciones ofrecidas.

La modernización de Marruecos ante el Mundial de Fútbol de 2030 busca ofrecer al mundo una imagen de país avanzado y presentar su mejor cara en uno de los eventos deportivos con mayor audiencia global. Para ello se está arrasando de forma acelerada un paisaje de distritos populares erigidos en décadas pasadas en medio de la anarquía urbanística. El pasado 21 de mayo, 15 personas murieron al derrumbarse un edificio de viviendas en una zona periférica de la ciudad de Fez. Cinco meses antes, habían perdido la vida otros 22 vecinos de un inmueble de una barriada popular de la misma capital espiritual marroquí, también al desplomarse sus viviendas mientras dormían.

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