sábado, abril 5, 2025

Los tentáculos de la mafia italiana en Colombia: cocaína a menor costo y negocios con el Clan del Golfo

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La presencia de la mafia italiana en Colombia ya no pasa desapercibida. Las capturas de varios cabecillas de grupos como la Camorra o la ‘Ndragheta en los últimos meses ha demostrado una amplia actividad y un gran interés por parte de estas estructuras criminales en el país sudamericano, el mayor productor de cocaína en el mundo. Ante la alta demanda internacional de la droga, los mafiosos buscan un negocio más directo, sin intermediarios, para reducir sus costos de operación. Lo hacen con la colaboración de agrupaciones locales como el Clan del Golfo, que facilitan el tránsito del narcótico a Europa y al resto del mundo.

La captura más reciente fue la de Emanuele Gregorini, alias Dollarino, un mafioso buscado por más de 190 países al tener una circular roja de Interpol. Fue arrestado en Cartagena de Indias y fungía como líder regional del conocido como Sistema Mafioso Lombardo, integrado por las mafias más grandes de Italia: Camorra, Cosa Nostra y ‘Ndrangheta. Su trabajo consistía en gestionar el transporte de drogas desde Colombia, Panamá o Brasil hasta Europa.

Unos meses antes, en octubre, cayeron en Medellín dos camorristas: Gustavo Nocella y Luigi Belvedere. El primero, alias Ermes, era otra ficha clave para el narcotráfico. Coordinaba “la logística para preparar y almacenar el clorhidrato de cocaína que se transportaría de Colombia a Ámsterdam, utilizando barcos y veleros”, explicaron las autoridades. El presidente, Gustavo Petro, aclaró que su captura fue el resultado de un trabajo de seis meses entre la Policía Colombiana, los Carabineros italianos y la Europol. “La lucha contra el narcotráfico es contra los capos”, dijo entonces.

Captura de Emanuele Gregorini, alias Dollarino.

Belvedere, por su parte, era considerado uno de los criminales más peligrosos por parte de las autoridades italianas. Fue descubierto en la capital antioqueña luego de haber sido detectada una foto suya en la tumba del narcotraficante Pablo Escobar en las afueras de la ciudad. Su rol era de enlace con el Clan del Golfo, grupo al que incluso le ofreció unos 750.000 dólares (3.000 millones de pesos) para un plan de fuga que no llegó a realizarse.

Un bastión del narcotráfico

La mafia italiana ha encontrado en Colombia un bastión para sus operaciones de narcotráfico, señalan los expertos. Sara García, investigadora del medio especializado Insight Crime, asegura que el “andamiaje logístico” atrae a redes internacionales para usar al país de plataforma para operar en Latinoamérica. “Las mafias tienen acceso a actores ilegales que actúan como dinamizadores de la economía del narcotráfico, y a operadores logísticos o transportistas, entre otros”, asegura en una llamada telefónica.

La experta precisa que ha habido un importante cambio en los últimos años: la mafia ha decidido negociar la cocaína directamente, no solo para ahorrar costos, sino para obtener una droga de mejor calidad. No siempre fue así. En los setenta y ochenta, negociaban con los cárteles colombianos de Medellín y de Cali, pero desde finales de siglo, con el fin de estas grandes estructuras, los grupos italianos encontraron un espacio para implicarse de primera mano. “La dinámica es tener emisarios: personas que vienen a Colombia hacer la compra de tú a tú. También coordinan la logística y verifican la cantidad de la droga”, añade García.

Aun así, una buena relación de los mafiosos con los criminales locales es clave. En los noventa, lo hicieron con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), lideradas por el Salvatore Mancuso, hijo de un inmigrante italiano. La ‘Ndrangheta compraba grandes cantidades de la droga que producían las AUC y, además, ayudaba a lavar el dinero con inversiones en negocios como los restaurantes. De acuerdo con una investigación de 2008 del Parlamento italiano, había una muy buena relación entre la ‘Ndrangheta con los cárteles colombianos, pues “había absoluta fiabilidad y podía ofrecer mayores garantías que otras mafias”.

Tras la desmovilización de las AUC hace dos décadas, el Clan del Golfo ha asumido ese rol como enlace colombiano. Aunque los europeos buscan menos intermediarios, no les interesa entrar en guerra con las agrupaciones nacionales. Juan Carlos Ruiz, catedrático de la Universidad del Rosario y experto en seguridad, considera que son nexos necesarios: “En algún momento se habló de que los cárteles mexicanos se querían quedar con el negocio de los colombianos y que por eso estaban viniendo al país. Es muy improbable. También es improbable que la mafia esté tratando de desplazar a los colombianos. Lo que hacen es asegurar el producto y exportarlo de forma más segura”.

A pesar de las luchas de los gobiernos colombianos de la última década contra la cocaína, los datos muestran que la producción de esta droga se sigue multiplicando. La ONU evidenció que el país alcanzó las 253.000 hectáreas de hoja de coca sembradas en su territorio en 2023, cinco veces más que en 2013. Su potencial de producción de cocaína, calcula la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), creció 53% solo entre 2022 y 2023. La situación es tan crítica que Colombia está en alerta ante una posible pérdida de certificación por parte de Estados Unidos como aliado para combatir el narcotráfico. La exclusión supondría una reducción de ayudas económicas y militares y podría afectar la inversión norteamericana.

En este contexto, las mafias han encontrado un terreno fértil para satisfacer una demanda en aumento: la UNODC apuntó en su más reciente informe que, pese a la expansión de las drogas sintéticas, la cocaína sigue en auge en Europa y ha ganado presencia en Asia, Oceanía y África. “Mientras se mantenga esta demanda, las redes europeas van a seguir queriendo alianzas con los grupos colombianos”, apostilla García.

Policías en un puesto de control, en Bogotá, Colombia, el 16 de octubre de 2024.

Su posición privilegiada en el mercado de las drogas ha convertido a Colombia en un hub para las redes criminales extranjeras. Ruiz sostiene que las autoridades han registrado la presencia de mafias de Italia, México, Rusia, Turquía o Albania, aunque cada vez son más difíciles de detectar, pues fraccionan sus operaciones en países vecinos como Ecuador, Perú o Brasil. Con todo, las recientes capturas de los italianos han sido asumidas por las autoridades colombianas como un éxito y un golpe a la criminalidad trasnacional.



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