
María Matos (Vigo) es periodista de formación y, desde 2020, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa, uno de los observatorios más influyentes para entender el mercado de la vivienda en España. Acostumbrada a analizar datos, anticipar tendencias y poner palabras a uno de los grandes debates sociales del país, Matos afirma que su trabajo exige una dedicación constante y un ritmo difícil de apagar cuando termina la jornada, y que lo que más le ayuda a desconectar es volver a lo esencial: el silencio, el cuerpo, la familia y los pequeños rituales cotidianos. Desde el yoga y el surf hasta los viajes, la lectura o unos minutos diarios de calma junto a su gata, reivindica la necesidad de bajar el ruido para recuperar claridad, energía y equilibrio en medio de una agenda siempre llena.
P. ¿Le cuesta desconectar?
R. Sí, a veces me cuesta desconectar. Por eso creo que debemos escuchar atentamente a nuestro cuerpo y aprender a reconocer esos síntomas que, como diría mi admirada Marian Rojas, nos alertan de que estamos inundándonos de cortisol y es necesario parar.
P. ¿Es más de desconectar sola o en compañía?
R. Como buena gallega te voy a contestar que depende. Habitualmente lo hago sola, porque entiendo que para desconectar de verdad, bajar el ruido, escucharte y recuperar claridad es necesario estarlo, básicamente porque no tienes que adaptarte a nadie. Pero hacerlo acompañada, cuando la compañía es la adecuada, aporta otra calma diferente, desde la confianza. Yo creo que lejos de ser opuestas son complementarias, cada una depende del momento que estés viviendo.
P. ¿Qué le gusta hacer cuando no está hablando de vivienda, precios y alquileres?
R. Lo que más me gusta es estar con mi familia y con mis amigos. Bueno… y con mi gata. Es el espacio donde realmente desconecto, donde vuelvo a lo esencial y recargo energía. Sin embargo, no estoy con ellos todo lo que me gustaría. Mi trabajo implica viajar con mucha frecuencia y, además, exige una dedicación constante al estudio y al análisis. Incluso cuando termina la jornada y llego a casa, es habitual que tenga informes que leer, datos que revisar o contextos que preparar. La vivienda es un tema tan sensible que no se puede abordar a tiempo parcial.
P. ¿Cómo se cuida?
R. No hago nada extraordinario, la verdad. Intento mantener hábitos sencillos y constantes. Hago ejercicio con regularidad, no fumo ni bebo alcohol, y procuro comer de forma equilibrada. Creo que también tengo algo de suerte porque no soy especialmente amiga del dulce, así que esa tentación la tengo bastante controlada sin esfuerzo. Más que grandes rituales, me cuido desde la coherencia diaria. Por supuesto, cuando no tengo que poner el despertador, siento que me cuido más que nunca.
P. ¿Qué deportes practica?
R. En Madrid practico sobre todo yoga y, cuando la agenda me lo permite, salgo a correr. El yoga se ha convertido casi en una necesidad, es el espacio donde encuentro equilibrio físico y mental en medio de un ritmo de trabajo bastante frenético. Pero cuando vuelvo a mi tierra, casi siempre en verano, el mar manda. Surfeo siempre que puedo. Tuve el privilegio de crecer al lado del mar y, además, mi hermano es un gran surfista, así que compartir las olas con él tiene algo muy especial. También monto a caballo. La hípica forma parte de mi vida desde niña, fue mi madre quien me enseñó a montar. Ambas son de esas pasiones que no se aprenden solo como deporte, sino como vínculo familiar y como manera de entender la naturaleza y la libertad.
P. Cuando puede viajar, ¿qué busca: descanso, cultura o aventura?
R. El hecho de viajar, por sí mismo, ya me parece un acto de cultura porque implica exponerse a realidades distintas y salir de tu zona de confort. Cambia el idioma, la comida, la arquitectura, los ritmos y también las prioridades, y todo eso educa la mirada. Yo intento que todos mis viajes tengan un poco de todo: cultura, descanso y también algo de aventura. Pero la realidad es que, como soy bastante inquieta, el descanso suele ser lo que menos peso tiene al final. Me gusta moverme, descubrir, entender los lugares que visito y aprovechar el tiempo, así que incluso cuando viajo para desconectar acabo llenando los días de planes.
P. ¿Qué viaje le ha marcado más?
R. Pues te voy a decir dos países del sudeste asiático que me fascinaron, Tailandia e Indonesia. En ambos sentí algo común, una cultura que no se observa desde fuera, sino que se experimenta. Son todo emociones intensas, sonidos, olores, sabores… Son lugares que te atraviesan en lo espiritual, te sobrecogen en lo paisajístico y te enseñan otra manera de habitar el tiempo y la vida.
P. ¿Cuál es ese pequeño placer diario al que no renuncia?
R. No renuncio a algo muy sencillo, cada día dedico unos minutos a acariciar a mi gata. Es casi un ritual de regulación emocional. En medio de la intensidad, de las decisiones, de las entrevistas y de la exigencia constante, ese momento me obliga a bajar el ritmo. Ella no entiende de agendas ni de agobios, solo de presencia. Y esa pausa, tan pequeña y tan silenciosa, me devuelve al equilibrio. Es mi forma cotidiana de recordarme que no todo es urgente.
P. ¿Qué soñaba con ser de pequeña?
R. Periodista. Creo que fue a partir de los seis años cuando, por Reyes, me regalaron un micrófono plateado con un cable que iba enchufado a una especie de cajita que amplificaba la voz cuando hablabas. Me fascinó. Me encantaba imitar a los presentadores y reporteros de la tele. Tal vez aquél juguete despertó mi vocación.
P. ¿Cocina?
R. ¿Cocinar? Más por supervivencia que por vocación. No es que me apasione ponerme el delantal y experimentar con especias exóticas… Lo mío es más abrir la nevera, evaluar daños y resolver la situación con dignidad. Cocino porque hay que alimentarse y, ya que estamos, intento que sea algo más elaborado que un yogur con cucharilla directa del envase. Digamos que mi relación con la cocina es práctica, cero romanticismo, máxima eficiencia. Si algún día me veis disfrutando entre fogones… sospechad.
P. ¿Qué música escucha cuando necesita parar?
R. En esos momentos elijo música que traslade mi atención de la mente al cuerpo. Me encanta la música electrónica, sobre todo house y techno, porque tiene ese punto hipnótico que te limpia el ruido mental en cinco minutos. También soy muy de pop internacional para cantar sin pensar demasiado. Y si el día ha sido especialmente intenso, bajo revoluciones con algo más chill o instrumental que me transporte lejos, aunque sea mentalmente. La clave es que me cambie la frecuencia. Si me mueve por dentro, ya ha hecho su trabajo.
P. ¿Qué tipo de personas le inspiran fuera del ámbito profesional?
R. Me inspiran especialmente los pensadores. Los filósofos clásicos y también contemporáneos que han dedicado su vida a hacerse preguntas incómodas y a intentar entender el mundo con profundidad. Me interesa mucho esa capacidad de ir más allá de lo evidente, de cuestionar lo establecido y de aportar marcos de reflexión que siguen vigentes siglos después.
También me inspiran personas con una fuerte significación social, quienes han asumido responsabilidades colectivas en momentos complejos y sobre todo, quienes destacan por su calidad humana. Personas coherentes, con valores firmes, que actúan con integridad incluso cuando nadie está mirando.
P. ¿Qué ha aprendido a base de palos o desengaños?
R. Pues que no tengo que asistir a todas las discusiones a las que me invitan. Hubo una época en la que me dejaba afectar por todo, pensaba que defender mi punto de vista era casi como una cuestión de honor. Con el tiempo aprendí que la paz no es para quien tiene la razón, sino para quien sabe guardar silencio. Nuestra energía es limitada y demasiado valiosa como para gastarla intentando convencer a los demás de que están equivocados.
P. ¿Le gusta leer? ¿qué libro está leyendo ahora?
R. Por supuesto que me gusta leer. De hecho, necesito leer. Es mi forma de ordenar ideas y ampliar perspectiva. Y confío, casi como un acto de resistencia cultural, en que el libro en papel no sea sustituido. Hay algo en el objeto físico, en el subrayado y en el silencio que lo acompaña, que ninguna pantalla consigue replicar del todo. No soy lectora de novela, prefiero el ensayo, los textos que invitan a pensar, a cuestionar, a dialogar con el autor. Cuando necesito ficción prefiero el cine. Ahora mismo estoy leyendo los libros de apoyo para las asignaturas del Executive MBA que estoy cursando en Esade y no me queda tiempo para más.
P. ¿Qué es para usted la felicidad?
R. Es un estado mental y una decisión. No porque las circunstancias no importen, claro que influyen, sino porque la forma en que interpretamos lo que nos ocurre es más importante que lo que nos ocurre en sí. Es una actitud consciente ante la vida, elegir en qué te enfocas, elegir la gratitud, elegir la serenidad, decidir ser feliz, en suma.
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