
Tal como están las cosas, la búsqueda de resiliencia es un mantra en el sector turístico y Meliá Hotels no es la excepción. Ha tenido un inicio de año volátil tal como refleja el balance del primer trimestre, con una caída del 68,3% en su resultado consolidado, hasta los 3,3 millones de euros, motivada en buena medida por el cierre de algunos de sus hoteles más rentables por reforma y la crisis cubana. En la junta general de accionistas del pasado 7 de mayo, el presidente y consejero delegado del grupo, Gabriel Escarrer Jaume, reconoció que en sus 70 años de historia, la compañía “nunca había vivido una situación de inestabilidad e incertidumbre tan acelerada y continua”. Pero ahora llega el calor y, con él, la temporada alta para el turismo. La empresa apuesta buena parte de la recuperación en la segunda mitad del año a captar turistas que se desvían desde Oriente Próximo hacia destinos seguros. Así esperan cumplir su objetivo de incrementar el beneficio de explotación (ebitda) un 4%, hasta los 565 millones de euros en 2026.