
Hace medio siglo, el auge del coche borró del mapa de Barcelona la mayoría de las líneas de tranvía convencional y en los noventa, con los Juegos Olímpicos como escaparate al mundo, se volvió a redefinir la manera de transitarla. La ciudad se encamina ahora hacia un modelo que prima la sostenibilidad y el cuidado del medioambiente, el transporte público y los desplazamientos a pie y en bicicleta.