
La directora de la empresa Brita en la Península nació en Barcelona. De padre español y madre inglesa, ha vivido en varios países y asegura que se ha nutrido de multitud de experiencias culturales desde pequeña. Con varios idiomas en la mochila, aprendió inglés en casa, algo que después resultó decisivo en su carrera profesional.
Pregunta. En su carrera ha ocupado puestos directivos y en numerosas ocasiones ha sido directora financiera. ¿Siempre quiso dedicarse a ello?
Respuesta. No, para nada. Mi padre, que era ingeniero, influyó mucho y no fue exactamente una elección personal. Yo estudié Económicas. Un día, en una feria de empleo, entregué mi currículum en Deloitte y me cogieron por el inglés. Pero, en realidad, yo quería ser directora de hotel. Veraneábamos en un lugar donde yo disfrutaba muchísimo y soñaba con que la gente se lo pasara igual de bien. Mi padre me convenció de empezar por Económicas y así fue: empecé en auditoría, pasé a controler, dirección financiera y demás. Mi pasión, en el fondo, es que la gente se lo pase bien.
P. ¿Y se puede conseguir eso desde una posición ejecutiva?
R. Sí, se puede. ¿Cómo ayudo a alguien a encontrar su verdadera pasión? Creo que cada persona tiene algo especial y único, y mi curiosidad me lleva a buscar esa parte. Cuando esa parte se conecta con el trabajo, ocurre la magia: haces lo que te gusta y lo aplicas al día a día.
P. ¿Se considera una persona exigente?
R. Sí, pero no tanto en la perfección, sino en una exigencia orientada a disfrutar.
P. ¿Cuánto tiempo libre tiene?
R. Trabajo 40 horas a la semana. Eso implica dejar de hacer cosas y ser muy choiceful, elegir bien las prioridades. Es difícil, pero necesario. Después de la covid, tras ver que trabajábamos muchísimas horas y que eso había generado problemas, tomé la decisión de proteger mi tiempo. Soy muy celosa de mi tiempo.
P. ¿Y qué le gusta hacer con el tiempo libre?
R. Me encanta el tenis. También juego a pádel con amigas, es más social. Y me gusta bailar.
P. ¿Qué tipo de baile practica?
R. Empecé con mi marido cuando nos casamos. Siempre había soñado con un vals romántico para la boda. Nos apuntamos tres meses a clases y nos salió un vals precioso. Desde entonces hacemos bailes de salón. Ahora estamos con el lindy hop. Hemos hecho dos años de claqué. Siempre que tengo una excusa, bailo. También sola en casa.
P. Me ha dicho que le encanta el mar. ¿Prefiere vela o motor?
R. Vela. En Barcelona hay una embarcación, el patín catalán, que no tiene timón: tú eres el timón. Me apasiona, porque es como la vida. Puede que salgas en un día perfecto, pero en el mar todo puede cambiar y desmontarte los planes. Y eres tú el que tienes que volver a tierra.
P. ¿No tiene la sensación de que vivimos en un momento de tormenta?
R. Sí, hay mucho ruido, pero hay que mantener la calma. Es como la vela: puedes cazar e ir más rápido, o soltarlas para ir más despacio.
P. ¿Cómo son sus fines de semana?
R. Los sábados tengo partido de tenis; compito en torneos locales. También me gustan los idiomas, he empezado con el alemán.
P. Libros, películas, series…
R. Grease me cambió la vida. Tenía 10 años, vivíamos en Bélgica. Fui al cine con mis padres y salí convencida de que quería bailar como ella, quería ser como ella. Más allá de eso, no soy mucho de televisión. En libros busco sobre todo mejora profesional; soy más de libros de negocios. Me gustó mucho uno de Jack Welch sobre liderazgo humano.
P. ¿Le gusta la gastronomía?
R. Me gusta cocinar. Hace cuatro años mis hijos decidieron ser veganos, y tuve que aprender; le confieso que me costó. Ahora me gusta más: añado frutos secos, especias… Y también me encanta salir a comer y descubrir sitios nuevos. Tengo dos hijos, son la mejor escuela de la vida. No dejas de aprender nunca.
P. ¿Algún restaurante favorito?
R. En Barcelona la Freiduría de Pauli es uno de mis favoritos. Tiene pocas mesas; la lleva una mujer portuguesa, Filipa, que era la cocinera y se quedó el restaurante cuando el dueño anterior se retiró. Me encanta: es como estar en casa. Tiene un plato, cigrons amb escamarlans —garbanzos con cigalas— que es para chuparse los dedos. Nos hace sentir como parte de su familia.
P. ¿Cómo lleva el estrés?
R. Entre el covid y ahora, ha sido complicado. Tengo que controlarlo porque tengo hipertiroidismo. Desde hace cuatro años medito todos los días. Hago unos estiramientos y consigo bajar revoluciones.
P. ¿Qué consejo suele dar a los demás?
R. Que disfruten cada día de las pequeñas cosas.
P. ¿En qué momento de su vida diría que está?
R. Estoy muy inspirada y con mucha claridad mental. Y no sé por qué, porque con el ruido que hay ahí fuera.. (ríe). Pero sí, estoy en un momento de inspiración.
P. Si piensa en el futuro, ¿qué le preocupa?
R. Mis preocupaciones se centran en la familia.
P. Si tuviese que elegir un lugar para vivir, ¿cuál sería?
R. Estoy entre Nueva Zelanda e Indonesia. En Indonesia pediría un terreno al Estado —porque funciona por concesión— y pondría unos bungalows. Me llevaría a toda mi familia y a mis amigos. Y sería la directora de hotel que siempre quise ser.
P. ¿Se considera feliz?
R. Feliz y afortunada.
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