
Europa habla con ambición de soberanía digital, inteligencia artificial y competitividad. Y hace bien. El problema no es la ambición, sino la distancia entre lo que Europa proclama y lo que realmente construye. En lo digital, esa distancia tiene un nombre concreto: infraestructura. Sin torres, sin fibra, sin centros de datos, sin redes capilares, no hay 5G, no hay nube y no hay inteligencia artificial. Lo demás es conversación.