
En 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera, Alfonso XIII encargó a su amigo Alfonso Asúa que viajara a París para investigar unas misteriosas máquinas tabuladoras, que funcionaban con fichas perforadas y que acortaron milagrosamente los tiempos de elaboración del censo francés. Poco después esas máquinas empezaban a implantarse en Telefónica y la Administración y Asúa se convertía en el primer presidente de la filial española de la empresa que las comercializaba: International Business Machines, IBM