
Basilea (Suiza) es la ciudad de los precios imposibles. El principal acontecimiento es su mítica feria de arte. Hubo años en que los aviones privados casi ni cabían en el aeropuerto y en los pasillos era sencillo cruzarse con Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Angelina Jolie, Jon Landau —quien atesora una extraordinaria colección de escultura renacentista y es el representante de Bruce Springsteen— o el músico Eric Clapton, con presupuesto millonario suficiente para comprar obras del pintor alemán Gerhard Richter. Esto fue hace tiempo. Los estadounidenses han desaparecido. El año pasado no se permitió la entrada en el país a algunos coleccionistas de América Latina. Y el omnipresente artista chino Ai Weiwei fue repatriado a Alemania. El país se enroca.
Pese a todo, el mercado del arte, acorde con el trabajo The Art Basel and UBS Art Market Report 2026, de Clare McAndrew, economista especializada en este sector, generó en 2025 unos 59.600 millones de dólares. Al cambio actual, 51.500 millones de euros. Un crecimiento interanual del 4% y el final a una racha de dos años seguidos de contracción. Aunque diríase que todo sigue igual. Estados Unidos es el mayor mercado (44%), y le siguen el Reino Unido (18%) y China (14%, e incluye Hong Kong, que tiene un ámbito de subastas y galerías más desarrollado). España apenas supone el 1%. “Resulta evidente que los conflictos geopolíticos tensionan el contexto. Sin embargo, en este entorno, el arte contemporáneo se convierte en una herramienta para comprender la complejidad del presente. Quizá por esta razón, aunque el mercado ha perdido parte del impulso de periodos anteriores, hemos percibido cierta mejora: los coleccionistas no compran solo por el valor financiero, sino también por el sentido, la reflexión y la perspectiva que puede ofrecer”, subraya la galerista berlinesa Esther Schipper.
De todas formas, Art Basel —el nombre oficial de la franquicia— corre peligro. La deserción de los coleccionistas estadounidenses tiene implicaciones profundas. “Hay bastante competencia entre las ferias, y la verdad es que Basilea como destino no apetece mucho: ¡es carísimo!”, advierte Patricia Hanna, directora del Espacio 23 de Miami. Estos días, París —que inventó las vanguardias artísticas en el pasado siglo XX— pugna por recuperar su memoria. “La franquicia está compitiendo contra sí misma con demasiadas ferias. Mucha gente no quiere ir a todas. Nosotros hemos escogido dos: París y Miami”, reflexiona el mecenas y coleccionista Jorge Pérez. “Será la primera vez en 15 años que no vamos a Basilea, y nada tiene que ver con la situación mundial”, admite.
Sin embargo, la geopolítica, reconoce Clare McAndrew, está “subiendo los precios de los envíos y el transporte”, y esto, claro, preocupa. Aunque el optimismo es parte, casi obligada, de su mensaje. “Hay un gran entusiasmo por desarrollar la infraestructura cultural [en riesgo con los bombardeos de Irán] y el mercado de Oriente Próximo”, observa.
Queda lejos el tirón tras la pandemia, cuando en 2022 el mercado alcanzó un valor de 68.100 millones de dólares (58.900 millones de euros). Fue el año que Rusia atacó Ucrania. Los coleccionistas, sobre todo americanos, se están planteando un puente que lleve de Art Basel París a Frieze London. Ambas, además, coinciden en el próximo octubre.
Subastas
Arrinconada, y no sólo entre montañas francesas y alemanas, Art Basel también tiene que competir con las subastas. Y ahí no existe diálogo, ni explicación de la obra, ni descuento, ni galerista. Se aplaude al dinero. La casa Sotheby’s —a través de una nota— confirma que en 2025 vendió obra por valor de 7.100 millones de dólares (6.150 millones de euros), un 18% más que durante 2024. “Entramos en 2026 con una posición de fuerza en el capital, el nivel de deuda más bajo en seis años y una amplia liquidez”, resume David Kownator, director financiero de la firma de pujas. Siempre pensando en quien guste transformar el capital en obras: sus tres mejores ventas correspondieron a Gustav Klimt. Traducidos al español: Retrato de Elisabeth Lederer, que se adjudicó por 236,4 millones de dólares, Pradera floreciendo (86,9 millones) y Ladera boscosa en el lago Attersee (70,8 millones de dólares).
Y si alguien sabe del comportamiento del mercado del arte es Clare McAndrew. Lo sigue a diario. Lo escribe todos los años. El arte ultracontemporáneo (artistas nacidos a partir de 1975) vivió una recuperación tras la pandemia, con algunos creadores que alcanzaron precios insosteniblemente altos en poco tiempo, impulsados por un frenesí de compras, y cierta especulación. Sin embargo —adelanta la experta—, este sector se ha debilitado en los últimos tres años y fue uno de los de menor crecimiento en subastas y galerías en 2025.
Cuando el mercado se ralentiza y el futuro parece incierto —describe la economista—, algunos coleccionistas tienden a apostar por artistas con una trayectoria histórica más sólida, menos arriesgada y que han resistido el paso del tiempo. Esto ocurrió en 2025 y podría repetirse este año. El mercado de los grandes maestros (1250-1821) está totalmente impulsado por la oferta: el año pasado vimos grandes ventas, como la del Canaletto (Venecia, el regreso del Bucintoro en el día de la Ascensión, 1732) por 44 millones de dólares, que contribuyó al asombroso crecimiento interanual del 30% frente a 2024 de los maestros antiguos. Aquí es el segmento de grandes obras el que está yendo bien e impulsando el buen momento. Aunque no todos analizan igual los números.
Otro mito. El nombre de Robert Simon quizá no suene demasiado. Pero, además de ser uno de los anticuarios más prestigiosos del mundo, pasará a la historia por descubrir, junto a un colega, el Salvator Mundi atribuido a Leonardo da Vinci y su taller y vendido por unos 450 millones de dólares. Es crítico; en un espacio de 1.200 millones. “Estos informes son erróneos, ya que el mercado no se puede comprender solo por la cantidad de dólares o el número de obras vendidas año tras año. La calidad e importancia de las piezas ofrecidas en subasta es el factor más importante y eso resulta incuantificable”, zanja el neoyorquino.
La pujanza de las barras y las estrellas
“Estados Unidos ha generado una riqueza enorme en los últimos 150 años, y esto, unido a una cultura orientada al consumo, ha creado una base de coleccionistas muy sólida y arraigada”, defiende Monica Heslington, responsable de asesoramiento sobre arte y objetos de colección de Goldman Sachs Private Wealth Management. Alrededor surgen ecosistemas de analistas, gestores de colecciones, abogados expertos en estos bienes, y además hay financiación dedicada a la compra de piezas. A esto se suman ventajas fiscales que están unidas a la filantropía. Y a esto se añade la ausencia de leyes de patrimonio cultural [como hay en España, Italia o Alemania] que limiten o dificulten las ventas de obras. Laissez faire, laissez passer.