
Con una guerra en sus fronteras, Polonia y Rumania se han propuesto revitalizar la industria armamentística. La ofensiva rusa en Ucrania trastocó de manera significativa los planes de la Unión Europea —que ha iniciado un proceso de rearme de 800.000 millones de euros—, pero especialmente los de estos dos países de la Europa del Este, que comparten cientos de kilómetros cada uno con el país invadido. Desde que se inició el conflicto hace poco más de cuatro años, Varsovia y Bucarest se han convertido en ejes esenciales a la hora de suministrar armas y otorgar ayuda humanitaria para apoyar a Kiev en su pugna por defender su soberanía. Ahora, ambas capitales han dado un paso más allá: desean destacar como principales proveedores europeos de drones aprovechándose del programa comunitario de defensa SAFE (Asistencia de Seguridad para Europa) lanzado por Bruselas, un instrumento financiero con el que se pretende conceder hasta 150.000 millones de euros en préstamos para respaldar a aquellos países que quieran invertir en la producción industrial de defensa.