
En una calle arbolada del norte de Londres, conocida como el Paseo de los multimillonarios, un grupo de mansiones, casi todas vacías, se alzan tras altos setos y portones blindados. Mientras los escolares de un colegio cercano deambulan alrededor, un grupo de guardias privados en todoterrenos oscuros patrullan el exterior. Tras las fachadas de estas lujosas casas en la avenida Bishops se esconde una red que se extiende desde Teherán hasta Dubái y Fráncfort. La propiedad final se remonta, a través de varias empresas fantasma, a uno de los hombres más poderosos de Oriente Próximo: Mojtaba Jameneí.
El clérigo de 56 años, elegido el pasado domingo por la Asamblea de Expertos como líder supremo de Irán en sustitución de su padre, el ayatolá Ali Jameneí, muerto el 28 de febrero en un ataque de EE UU e Israel, supervisa una nutrida cartera de inversiones, de acuerdo con los datos de una importante agencia de inteligencia occidental y otras fuentes conocedoras de la situación. Estas fuentes afirman que, si bien Jameneí se abstiene de poner activos a su nombre, ha estado directamente involucrado en los acuerdos realizados para tejer este pequeño imperio de propiedades, algunas de las cuales se remontan al menos a 2011.
El poder financiero del nuevo hombre fuerte de Irán se extiende a múltiples sectores, desde el transporte marítimo en el Golfo Pérsico hasta cuentas en bancos suizos y propiedades inmobiliarias de lujo en suelo británico con un valor superior a los 100 millones de libras (116 millones de euros al tipo de cambio actual), afirman las personas consultadas para elaborar este reportaje y que solicitaron el anonimato por temor a represalias o porque no están autorizadas a hablar públicamente. En conjunto, la red de empresas ha ayudado a Jamenei a canalizar fondos —según algunas estimaciones, miles de millones de dólares— hacia los mercados occidentales, a pesar de las sanciones que le impuso EE UU en 2019.
Eso incluye propiedades inmobiliarias de lujo (una de las casas costó 33,7 millones de libras cuando se compró en 2014) en varios de los barrios más exclusivos de Londres, una villa en una zona conocida como el “Beverly Hills de Dubái” y lujosos activos europeos que incluyen hoteles desde Fráncfort hasta Mallorca. Los fondos para realizar estas adquisiciones se han canalizado a través de cuentas bancarias en el Reino Unido, Suiza, Liechtenstein y los Emiratos Árabes Unidos, según documentos a los que ha tenido acceso Bloomberg. Los fondos provienen principalmente de las ventas de petróleo iraní, según las fuentes consultadas.
Presunto testaferro
Ninguno de estos documentos confirman que las propiedades están a nombre de Jameneí. En cambio, en muchas de las operaciones figura el empresario iraní Ali Ansari, sancionado por el Reino Unido en octubre, como propietario final.
Los medios estatales de Irán siempre han relacionado al ayatolá muerto y a su familia —parte de un movimiento revolucionario que derrocó al monarca (Sah) de la dinastía Pahlavi en 1979 en nombre de los pobres y del Islam— con una vida austera y piadosa. Hay pocos indicios de que el poderoso clan haya utilizado los activos extranjeros para financiar estilos de vida lujosos. Aun así, la fortuna oculta de Mojtaba Jameneí contradice esa imagen de piedad promovida por el régimen, especialmente tras el aumento de la pobreza y los disturbios y protestas generalizadas por este motivo que se han intensificado en los últimos meses en el interior del país contra la República Islámica.
La ira de una notable parte de la población dirigida contra los altos niveles de corrupción económica y mala gestión en el régimen a menudo apunta a los aghazadeh, un término peyorativo utilizado para describir a los hijos de la élite acusados de amasar una gran riqueza gracias a las conexiones políticas de sus familiares.
Una investigación de Bloomberg, que duró un año, revela cómo el poder financiero de la familia Jameneí se ha expandido más allá de las fronteras de la República Islámica. Esta conclusión se basa en entrevistas con personas con conocimiento directo de las operaciones del nuevo líder de Irán, así como en la revisión de registros inmobiliarios y documentos comerciales de carácter confidencial, que abarcan desde contratos de gestión hotelera hasta detalles de paquetes accionariales de control en algunas compañías y transferencias bancarias. En virtud de estos documentos, Ansari ha sido crucial en la confección de este imperio financiero, según fuentes de una agencia de inteligencia occidental consultada.
La historia de la cartera de inversiones de Jameneí en el extranjero ilustra cómo la élite iraní logró transferir capital al extranjero a pesar de que el país estuvo sujeto a uno de los regímenes de sanciones más severos de la historia durante las últimas dos décadas debido a su programa nuclear y su apoyo a grupos armados como Hezbolá que se oponen a Israel y a las políticas occidentales en Oriente Próximo. La tensión en la zona fue creciendo desde que Donald Trump asumiera la presidencia de EE UU en su segundo mandado en enero de 2025 y ha desembocado en el actual conflicto armado que arrancó tras la muerte de Ali Jemeneí y su círculo más próximo en un ataque coordinado de Washington y Jerusalén.
¿Cómo pudo Jameneí tejer su imperio económico a pesar de las presiones internacionales? Las deficiencias del sistema financiero global, desde la laxitud de los registros de beneficiarios reales de las propiedades hasta la limitada aplicación de las sanciones, pueden permitir el desarrollo de redes clandestinas, según diferentes expertos especializados en fraude y lavado de dinero consultados.
“Mojtaba tiene participaciones importantes o control de facto en varias entidades en todo Irán y en el extranjero”, dice Farzin Nadimi, investigador principal del Instituto Washington para la Política de Oriente Próximo, quien ha estudiado el imperio financiero de la familia Jameneí. “Al analizar su red financiera, se observa que Ali Ansari es su principal titular de cuentas. Esto sitúa a este empresario como uno de los oligarcas más influyentes del país en la actualidad”, añade.
En una declaración a través de su abogado, Ansari afirma que “niega rotundamente haber tenido alguna relación financiera o personal con Mojtaba Jameneí” y manifiesta su intención de impugnar las sanciones impuestas por el Reino Unido. Jameneí no respondió a las solicitudes de comentarios enviadas el 12 de enero a través del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní y las embajadas del país en los Emiratos Árabes Unidos y el Reino Unido.
Ali Ansari, magnate de la construcción de 57 años, fue descrito el año pasado por las autoridades británicas como un “banquero y empresario iraní corrupto”, al ser sancionado por “apoyar financieramente” las actividades del CGRI de Irán —una poderosa rama del ejército— que reporta directamente al Líder Supremo y está sancionada por el Reino Unido. Ansari no está sujeto a ninguna sanción en la UE ni en Estados Unidos. Proveniente de una familia de clase trabajadora al noroeste de Teherán, Ansari ha llegado a convertirse en el rostro de una extensa red empresarial nacional que incluye el complejo de lujo Iran Mall, importantes mercados mayoristas y el recientemente disuelto banco privado Ayandeh Bank, lo que lo convierte en uno de los magnates más destacados del sector privado en la República Islámica.
Su familia se mudó a la capital en torno a la revolución de 1979, un período en el que muchos se sintieron atraídos por las promesas de que los nuevos líderes islámicos redistribuirían la riqueza del sha derrocado, según personas conocedoras de la historia del clan. Se dice que su padre se unió a un comité de reconstrucción financiado por la oficina del Líder Supremo para restaurar lugares religiosos. Estas obras pusieron al padre de Ansari en contacto con clérigos de alto rango, incluyendo miembros del círculo íntimo de Jameneí, según estas mismas fuentes.
A finales de la década de 1980, coincidiendo con el final de la guerra entre Irán e Irak, el joven Ansari fue reclutado. Por esa época, conoció a Mojtaba Jameneí, cuyo padre era entonces presidente de Irán. Posteriormente, Ansari consiguió lucrativos contratos estatales y licencias de importación, y pasó rápidamente a la construcción, el transporte marítimo y la petroquímica, industrias que sirvieron como conductos para trasladar fondos gubernamentales al exterior.
Lazos desde la juventud
En la década de 1990 y principios de la de 2000, Ansari era conocido como un industrial en ascenso en Teherán. Creó el Banco TAT en 2009, que posteriormente puso en marcha un plan para construir el Iran Mall, un centro comercial de lujo, propiedad del banco. En 2013, una fusión convirtió a TAT en el Banco Ayandeh, que quebró en 2025, envuelto en acusaciones de préstamos con información privilegiada y sumido en deudas y controversias por sus estrechos vínculos políticos con funcionarios. Personas próximas a estos tratos aseguran que Mojtaba Jameneí era la pieza clave para las operaciones del banco y el proyecto del centro comercial. Ansari era el principal accionista de Ayandeh.
A medida que el imperio nacional de Ansari se expandía, también lo hacía su papel como intermediario financiero del nuevo líder iraní en el extranjero, estableciendo relaciones bancarias en toda Europa y canalizando las ganancias de las exportaciones de petróleo a través de un laberinto de empresas en los Emiratos Árabes Unidos, según algunas fuentes. Gran parte del dinero de la red ha circulado a través de empresas no iraníes como Ziba Leisure, registrada en San Cristóbal y Nieves; Birch Ventures, con sede en la Isla de Man, y A&A Leisure, así como entidades emiratíes como Midas Oil Industries y Midas Oil Trading.
Oficialmente, la Compañía Nacional de Petróleo de Irán, propiedad del Estado, vende el crudo del país, pero las sanciones han empujado gran parte del comercio hacia canales opacos. Según funcionarios estadounidenses y expertos en el mercado petrolífero, se utilizan empresas tapadera, intermediarios y falsos agentes comerciales. Las élites vinculadas al Líder Supremo y al CGRI, como Jameneí, han sido fundamentales para controlar algunas de estas redes, según los expertos consultados.
En 2016, Ansari obtuvo un pasaporte chipriota, lo que le permitió abrir nuevas cuentas bancarias y empresas en Europa. Esto también le ayudó a ocultar sus vínculos políticos con Irán. Las autoridades de la isla debatieron posteriormente si revocarle la ciudadanía ante el escrutinio público sobre sus vínculos con el CGRI y el hijo del entonces ayatolá, según documentos a los que tuvo acceso Bloomberg. El Ministerio del Interior del país se ha negado a confirmar si el pasaporte chipriota de Ansari había sido revocado, pero reconoce que el caso está bajo investigación.
Ali Jameneí dirigía hasta su muerte una de las organizaciones más ricas del país, creada mediante la confiscación de miles de propiedades y activos tras la revolución. Conocida como la Ejecución de la Orden del Imán Jomeini, también llamada SETAD, gestiona miles de millones de dólares en activos, propiedades comerciales y organizaciones benéficas. Es uno de los mayores conglomerados estatales de Oriente Próximo, con operaciones en sectores que abarcan desde seguros hasta energía y telecomunicaciones.
El imperio de su hijo en el extranjero es más modesto. Su propósito es menos claro. Si se concibió como una especie de fondo de emergencia en caso de que la familia necesitara abandonar Irán, la decisión de las autoridades británicas de sancionar a Ansari y congelar esos activos ha complicado el panorama. Bloomberg ha rastreado más de una docena de propiedades en Londres propiedad de la red. Una de ellas, en Bishops Avenue, está a nombre de Ansari. Otras son propiedad de Birch Ventures, según consta en los registros de la Casa de Sociedades del Reino Unido, y tienen a Ansari como único beneficiario activo.
“Está cada vez más claro que aquellas personas cercanas a los líderes políticos de Irán han invertido mucho en el Reino Unido”, dice Ben Cowdock, un alto responsable de investigaciones en Transparencia Internacional Reino Unido, que ha rastreado los activos británicos de las élites políticas y empresariales de Irán. “Nuestro mercado inmobiliario no debería servir de caja fuerte para compinches que financian regímenes represivos”.
Las fotografías tomadas en el funeral del padre de Ansari en junio de 2025 resaltan la continua proximidad con la familia que ejerce el poder en Irán. Entre los asistentes se encontraban familiares y asesores veteranos del Líder Supremo. Pero la quiebra del Banco Ayandeh reavivó las críticas públicas a Ansari por parte de algunos políticos de línea dura. Varias quiebras bancarias en la última década se han atribuido a la mala gestión de ejecutivos que han sido procesados por enriquecimiento ilícito o por prestar grandes sumas. En octubre del año pasado, un miembro de línea dura del parlamento, Amir-Hossein Sabeti, instó al poder judicial a obligar a Ansari a pagar la factura de las pérdidas financieras de Ayandeh, según la Agencia de Noticias de la República Islámica.