
Massimo Bottura es uno de los mejores chefs del mundo —su restaurante triestrellado Osteria Francescana en Módena es un lugar de peregrinaje para los amantes de la buena mesa—. Autor de un libro con un título genial —Nunca confíes en un cocinero italiano delgado—, Bottura tiene una personalidad arrolladora y cierta incontinencia verbal, hasta tal punto que capitalizó el evento que organizó Beko Europe en el marco de EuroCucina, la gran feria de las cocinas celebrada en Milán a finales de abril. Mientras que el consejero delegado del gigante de los electrodomésticos, Akin Garzanli, trataba de ceñirse al guion oficial para colocar sus mensajes de sostenibilidad, innovación y legado, Bottura —embajador de la marca— rompía la escaleta con un chorro de anécdotas. La situación bien podría ser una metáfora del día a día de Garzanli, que tiene un plan definido para sobrevivir en una industria ultracompetitiva, pero a quien la volatilidad geopolitica le trastoca la hoja de ruta con bastante frecuencia.