domingo, abril 12, 2026

Una Europa, ¿un mercado? | Negocios

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Los jefes de Estado de la Unión Europea se reunieron a finales de marzo en Bruselas con el objetivo de seguir impulsando la competitividad del continente. El conflicto en Oriente Próximo ha supuesto una nueva disrupción de los mercados energéticos, esta vez con el petróleo como principal afectado, lo que refuerza la necesidad de transitar hacia energías limpias que permitan reducir dependencias frente al exterior y seguir siendo competitivos a largo plazo.

Las conclusiones del Consejo Europeo incluían una nueva iniciativa que cuenta con respaldo político al más alto nivel y permitiría avanzar en ese camino: el plan Una Europa, un mercado. Un conjunto de medidas como la profundización del mercado único, la simplificación y reducción de la fragmentación regulatoria, la autonomía energética, el fomento de la industria y la innovación o el impulso de la inversión que deberían estar implementadas entre 2026 y 2027.

Sin embargo, dada la urgencia actual, ¿cómo deberíamos priorizar su aplicación? Hasta ahora, los esfuerzos de la Comisión Europea se han centrado en simplificar regulaciones relacionadas con la sostenibilidad, la inversión, la política agrícola o la defensa. Un esfuerzo que, según sus estimaciones, supondría un ahorro neto en costes para las empresas y las administraciones de 37.500 millones de euros anuales a final de mandato (apenas un 0,2% del PIB europeo actual). Frente a esta cantidad, el Fondo Monetario Internacional estima que completar el mercado único, reducir barreras internas e impulsar reformas a nivel nacional podría aumentar la productividad europea un 20%, atrayendo 800.000 millones de euros adicionales de inversión privada y aumentando el PIB per capita un 35% a lo largo de una década. La diferencia de escala es reveladora.

Por tanto, conviene no perder el foco: lo que puede devolver a Europa su capacidad de crecimiento no es tanto simplificar (aunque ayude) ni desregular, sino construir un verdadero mercado europeo, donde cualquier empresa pueda prestar sus servicios sin fricciones en Francia, Polonia o Bélgica, donde los trabajadores puedan transferir con facilidad sus contribuciones sociales o donde sus mercados energéticos y redes estén debidamente integrados. Ahí es donde residen las ganancias de escala y productividad: facilitando la creación y la operativa con iniciativas como el régimen 28 y EU Inc., creando un verdadero mercado común de capitales y de deuda común que abarate costes de financiación para empresas y Estados, y apalancando recursos necesarios para nuestro verdadero talón de Aquiles: la inversión masiva en capacidades digitales, aplicación de IA en industria y servicios públicos, tecnologías limpias o defensa.

Los tiempos han cambiado y las prioridades también. El momento requiere un marco coherente que vincule regulación, políticas económicas e industriales, y gobernanza. Necesitamos ser más ágiles para que las buenas intenciones se transformen en realidad y Europa sea reconocible dentro de una década.



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